miércoles, 31 de diciembre de 2008

Futuro del estudiante: Idiota de Salón

Con la creación de los primeros test, hijos de Galton y Binet, nacieron las primeras etiquetas científicas para clasificar y marcar jerarquías de capacidad entre sujetos. Concretamente, el termino “idiota”, que en sus orígenes latinos tenía un significado similar a mediocre o vulgar, fue uno de esos post-it que pegar en la frente de los sujetos para meterlos en el cajón de dementes y prescindibles. Para dar un poco mas de dramatismo al asunto es menester aclarar que, “por su propio bien”, muchos fueron ingresados y esterilizados para que no pudiesen engendrar descendencia infectados con el mal de su estupidez. La nota más curiosa a añadir a esto es que a posteriori, y para que este acto bárbaro se merezca un par de galardones más, ha quedado ampliamente demostrado que esos test carecían de la más mínima fiabilidad y se encontraban contaminados por un sesgo elitista y “cultureta” que por sus propias características no servía para evaluar absolutamente nada...

Añadamos otro giro de tuerca. Es bien sabido (y mal expresado en los medios de comunicación) que algunos tipos de autismos y retrasos mentales cursan con unas capacidades memorísticas que rozan lo inaudito. Personas capaces de tocar piezas de Mozart solo con haber visto como alguien lo hacía con anterioridad eran las que se salvaban del ostracismo y la internación en uno de estos pequeños Auschwitz auspiciados por una supuesta ciencia que solo tenía como objetivo demostrar lo que ella quería. Como animales de circo eran paseados por los salones de la alta sociedad para demostrar sus artes y satisfacer los ratos de ocio de los nobles o burgueses, según la época a elegir, y llenar las arcas de sus "bienintencionados mecenas".

Después de esta breve introducción histórica centremosnos en el asunto de hoy, el estudiante actual. Las actuales estructuras educativas, y doctrinas religiosas en general, se basan en lo que podríamos llamar "técnica del volcado del cuenco". El profesor, entidad mensajera del conocimiento absoluto e irrefutable ahoga (literalmente) al alumno, que debe mantener la boca abierta y tragar todo lo posible, al lanzar su torrente de sapiencia sobe el aula. Conviene dejar la figura del profesor a un lado, ya que su paradójico puesto, que se debate entre la figura de autoridad y el bufón vapuleado por unos padres que saben de modelos educativos lo mismo que un apio sobre física cuántica, merecería una par de actualizaciones mas.

Al igual que en se enseña en la gran mayoría de templos de las grandes religiones, el profesor, desde su sagrado púlpito, recita el salmo del día a una feligresía que esta preocupada por cualquier cosa menos por lo que allí se habla. Conocimiento del medio, lengua, matemáticas, historia, e incluso filosofía y la mal llamada "religión", que debería llamarse "Catolicismo y desprestigio de otras". Todas alejadas de la realidad del auditorio, y sin realizar un mínimo esfuerzo por acercarlas a los que deben conocerla, simplemente se entrega el libro, el profesor se encarga de explicar lo que dice y fin del día. Vuelta a correr al patio, la videoconsola, amigos, ordenadores y libros mas interesantes que los que se entregan en el aula. Y es que, al igual que toda la sociedad, los niños y adolescentes también evolucionan, sufriendo su forma de entender y acercarse al mundo un brusco cambio. Desde hace veinte o treinta años, el sistema educativo a recibido amplias críticas y sus métodos han dejado de ser funcionales, como demuestra claramente los resultados de fracaso escolar y desinterés general.

Ya desde primaria, al alumno se le enseña a no preguntar y así es, por extraño y falso que parezca. El grupo (los compañeros de clase) que quiere, por encima de todas las cosas en ese momento, que el profesor acabe su perorata los lleva a ser poco cariñoso con los preguntones de la clase, que lejos de ser los mas tontos, en esos momentos suelen ser los mas listos. También podríamos enumerar una larga lista de conductas del profesorado que hacen que el alumno tenga pocas ganas de interesarse por la materia, pero creo que en la cabeza del lector flota mas de una. Con este desinterés tan delicadamente inculcado llegamos a secundaria y bachillerato. En esta fase tenemos que incluir algo llamado “pubertad”, que lejos de ser un estado en el que el adolescente sufre una inevitable conversión de un Gremlym después de comer tras las doce de la noche, es un momento de cambio y maduración que nada tiene que ver con un preludio apocalíptico. Es la sociedad el elemento que lo desorienta lo suficiente como para que su natural y nada dañino estado de confusión lo conduzca a ser en un potencial delincuente. Con este estado de las cosas creo que se entiende que el poco empeño en hacer interesante el conocimiento académico formal desemboque en una ausencia total de interés en el estudio. También habría que reflexionar acerca un algo curioso y común al grueso de la humanidad,y es la consideración de que la escuela es sacrosanta, al igual que el estudio, por lo que todo alumno debe estar, cuanto menos, interesadísimos en lo que deberían estudiar. Todos sabemos que el ansia de estudiar y formarse academicamente viene marcado en nuestros genes y que como demuestra el estudio del chimpancé, que suele vestir toga universitaria, usar monóculo y tomar té con un dedo estirado, es común a todos los primates. Porque, por supuesto, nadie recuerda que la escuela es un proyecto creado a finales del periodo de la Ilustración e impuesto a una serie de sujetos.

Es más con todo estos mecanismo que fuerzan al sujeto a memorizar sin ganas ni pasión alguno, alejándolo de la comprensión que se obtiene tras la reflexión de los contenidos, llegamos a la universidad. Allí se reproduce todo lo comentado anteriormente, arrastrando el sujeto una maravillosa historia de desinterés, y estudiando una carrera elegida a prisa y de forma forzosa, ya que no tener estudios universitarios es, entre otras cosas, un estigma social.

Volvemos al atril, al sagrado púlpito y a la última forma de enseñanza dogmática, que ya no tiene la forma de un libro con una cruz encima, sino que se proyecta en forma de diapositiva sobre una pantalla blanca. Y el profesor, ese magnifico sujeto, perfecto (supuestamente) conocedor de su materia, pero nulo en la maestría de la enseñanza y el trato interpersonal, vomita de nuevo sus conocimientos sobre los presentes. El universitario, supuesto ente maduro e interesado en lo que estudia, se ve obligado ha hacer un gran esfuerzo, que en vez de situarse por encima de la barbilla, se centra sobre todo en el cuello, tras largas horas de atención ininterrumpidas y en la muñeca, que es la parte del cuerpo más usada por éste. Así, el sujeto ni sabe ni entiende, sino que graba a fuego las frases en su cerebro, para una vez pasado los exámenes desterrarlas al vacío y no volver a pensar en ellos jamás.

Los exámenes actuales son el peor enemigo de la enseñanza y el conocimiento en general. En ellos no se valoran las capacidades del estudiante en la materia, ni su comprensión, ni como se desenvolverían con ellos en la vida real. Solo se realiza una pobre estimación de como el sujeto X recuerda la frase P del libro J en el día V a la hora M. Estas evaluaciones premian la memorización incompleta, el análisis fragmentario de los contenidos y una escasa identificación del estudiante con el conocimiento que posee, más bien lo impulsan ha llevar a cabo un inútil esfuerzo titánico por aprender literalmente tomos y tomos de literatura específica sin valoración alguna de lo que en ellos se trata. Y este recorrido vital no es más que la conversión del ser humano en una entidad estúpida sin ilusión alguna por lo que hace, solo una herramienta dócil que acatará las órdenes sociales y concretamente de sus superiores, sin un solo atisbo de ingenio, creatividad o iniciativa. Solo maquinas con una gran capacidad para memorizar y cumplir ordenes.

Es curioso como lo que hace tres siglos atrás era el producto de una problema genético, un entorno poco favorecedor y un escaso conocimiento en la materia, en el siglo XXI se ha convertido en un fenómeno de masas deseable y hasta necesario. El universitario es una élite, se repite constantemente, y es cierto, una élite de Idiotas de Salón que memorizan lo que otros le piden para demostrarlo cuando otros se lo piden.

5 comentarios:

  1. uy como ha cambiao esto desde la última vez que entré xDD
    tooda la razón en esta entrada, esposo
    como siempre, dándo donde más duele
    todos estos idiotas de salón rellenan páginas como tuenti o fotolog xDD

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  2. A excepción del primer párrafo, sobre el que ya recibiste mi crítica, estoy muy de acuerdo con lo que dices (un 5 en escala Likert)*

    Besitos^^

    *Para los que no lo pillen, sacaré una cartera del bolsillo

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  3. Uy! Mira qué me encontré por aqui O.Ô

    xD

    un saludo :P

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  4. cuantas veces piensas cambiar el estilo del blog? xDDDD

    ámote (y siento no haberte podido ver el día de la cabalgata :( :***)

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