viernes, 22 de enero de 2010

En efecto, los del CADUS somos de una secta de alienígenas

Es llamativo como el personal llega a conclusiones tan aventuradas como que los estudiantes que estamos en el CADUS somos infiltrados de la Junta de Andalucía que hacemos una segunda carrera para permanecer en el poder y lograr que las intenciones de la Junta, que por lo visto son introducir Bolonia y hacer prevalecer el artículo 27, se hagan realidad.

Que la peña se trague el cuento de que el artículo 20 dice que la gente puede copiar, todavía se puede entender como una opinión inducida por los medios (aunque si uno se lee la normativa, se da cuenta ipso facto de que es una mentira como el caballo de Troya), pero esto ya se merece el cum laude de la creatividad y la originalidad.

Tras permaneces en una reunión de cuatro horas, tensas como las venas del cuello de María Patiño, intentando aclararnos sobre como resolver esta situación crítica y hoy haber pasado dos horas intentando hacer una redacción alternativa en la que sea imposible tergiversar los contenidos y que además pula la anterior, teniendo en cuentas las horas invertidas en la delegación del propio centro y que estamos en exámenes, esto es lo que más agrada oír. Seguro.

En este momento trabajamos y representamos a personas que nos odian encarnizadamente, que nos acusan y calumnian, que nos hablan de desvergüenza y que se indignan sonoramente sin conocer ni remotamente aquello por lo que nos critican, pero dice el Tao que:

"El sabio ama al hombre bueno,
y, de igual manera, al que no lo es."

Hoy será la repulsa, mañana la ira y el insulto, pero pasado mañana los vientos soplaran en otra dirección y olvidaran lo que han dicho y la manipulación a la que han sido sometidos. Se olvidaran de las acusaciones vertidas, aunque a nosotros nos hayan socavado las ganas, la paciencia y, en algunas casos, incluso la autoestima.

Aunque nos esforcemos por reformar leyes que nos perjudican, como hemos hecho con el 27 y otras tantas, la masa siempre permanecerá disgustada y descontenta y todo les parecerá poco, aunque no sepan lo que se hace o se deja de hacer.

Ahora bien, podrán crear mil eventos insultándonos, los medios podrán decir mil mentiras, los políticos podrán meterse en terreno que no manejan y los universitarios podrán odiarnos todo lo que quieran, pero algo me queda claro, hay una linea divisoria entre el que se deja arrastrar por la corriente y quién se atiene a sus responsabilidades como persona y, concretamente, como universitario. Yo he elegido mis principios, y con ellos siempre conmigo, seguiré sirviendo a los que me insultan y menosprecian con la mejor de mis sonrisas.

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