miércoles, 20 de enero de 2010

Sobre la tolerancia (de un trabajo pa la facultad)

Este trabajo se inició siendo un estudio de las creencias previas sobre democracia en adolescentes. No obstante, una vez iniciado, nos percatamos de que este área resultaba demasiado vasta para un solo trabajo. Aunque en la RAE se define de forma sencilla, "doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno", la democracia bien entendida tiene a su alrededor una serie de conceptos complementarios y de requisitos para su cumplimentación. Habitualmente, al buscar el significado de este termino en la opinión de las personas de a pie, nos encontramos con otro término, el de libertad. Libertad para obrar según uno lo crea conveniente y a expresarse como y cuando uno lo desee. Aunque la relación entre uno y otro es indisoluble, también es cierto que lo más frecuente es que esta capacidad para actuar según dicte la propia voluntad se ande confundiendo con una suerte de libertinaje caprichista y discursos poco fundamentados a la par que ofensivos. Así, el sistema evoluciona a un "todo vale" egoísta que olvida cuales son los auténticos fundamentos del aparato democrático. En si misma, la democracia viene a ser la creencia y práctica acerca de la buena capacidad de las personas para autogestionarse desde el respeto al otro y, en función de esto, elegir quien lo representa. Por lo tanto, la opinión general dista en demasía de comprender lo que define, y en multitud de ocasiones esgrime como defensa, actuando, en consecuencia, de un modo que vulnera los principios que deberían ser supuestos en los actos de todos. La reflexión sobre esta temática resulta extensa y muy complicada, lo que nos obligó finalmente a redirigir nuestras intenciones y fuerzas hacia un concepto más sencillo pero que a la misma vez no dejaba de ser complejo. Nuestra elección final fue el ámbito de la tolerancia, que además podía dar generosos frutos al estar enfocada una parte del trabajo en realizar una intervención.

Se puede afirmar que la tolerancia es el aspecto de la vida democrática que se encuentra más menospreciado y malusado. Es triste que se emplee más en el sentido negativo abstracto y acusador hacia las personas que verla amparada por un conjunto de normas sociales y políticas que garanticen su mantenimiento, cuidado y desarrollo. Cuidar la tolerancia es cuidar la calidad de vida de las personas en el día a día, tanto en sentido vertical como horizontal, tanto entre vecinos como entre residentes y extranjeros. En si misma contempla la libertad tanto propia como ajena, pero de una forma activa y enriquecedora, siendo el pilar nuclear para la convivencia en cualquier lugar, circunstancia y momento. Tras consultar una bibliografía amplia se puede llegar a la conclusión de que existen tres tipos de tolerancia, dos de las cuales son malversaciones del principio que pretendemos estudiar y fomentar. En primer lugar está la "tolerancia retributiva" que es aquella que se practica con la voluntad de recibir atenciones, premios y honores. En segundo lugar la "tolerancia pasiva" que es aquella que soporta porque no tiene más remedio, que traza una linea entre el yo y el otro que ha de ser respetada para evitar el conflicto. Finalmente llegamos a la tolerancia en sí. Esta es una actitud, una forma de vivir y de pensar. Más que una simple etiqueta para designar acciones, es una filosofía de vida como se puede ver si se estudia en profundidad.

La tolerancia parte de la base de que todas las personas en si mismas poseen la misma calidad y que en el sentido jurídico y político han de ser amparadas por leyes que garanticen su protección, participación y necesidades, poniéndola en igualdad de condiciones que el resto de sujetos. La realización de este principio es activo, ya que no se satisface mediante la vecindad, sino a través de la implicación. Por esto mismo, la tolerancia precisa de un profundo sentido crítico que cuestione (en el sentido consultivo e informativo) la propia forma de vida y acciones de uno mismo y la del otro. Es decir, buscar la comprensión a través del dialogo y la participación, por lo que posee carácter enriquecedor, ya que amplía las fronteras que impone una visión etnocentrista de la realidad. Se desprende de esto que la tolerancia no guarda relación alguna con el laisse-faire, como muchos de sus detractores (normalmente encubiertos) pretenden dar a entender. Cualquier acto que contravenga la dignidad humana, coincidente con lo recogido en la carta de las Naciones Unidas acerca de los Derechos Humanos, es contraria a la tolerancia cuya base es el bienestar del sujeto.

Planteándolo con otras palabras e intentando resumir lo dicho, se podría decir que la tolerancia es aquella forma de vivir la vida en la que se busca la convivencia a partir del reconocimiento de la dignidad equivalente entre todas las personas, su protección y el respeto a la diversidad existente.

Difícilmente se puede decir que la tolerancia no sea un valor óptimo que transmitir al conjunto de la sociedad, y en todo caso, sería interesante escuchar a las voces que lo niegan. Aún así, el inmovilismo ideológico, natural del miedo que tiene el ser humano al cambio, plantea serias vicisitudes. Los prejuicios y, en especial, las manifestaciones radicalizadas de la visión endogrupo-exogrupo se plantean en la base de este problema. De ahí que consideremos fundamental llevar a cabo intervenciones en la población que derriben estos muros, conduciendo a los implicados hacia una nueva percepción conciliadora y de encuentro, tanto interpersonal como intercultural. Aunque lo más beneficioso es que se aplicase a todos los grupos de edad, por sus propias características y efectos posteriores, es recomendable que se empiece por los más jóvenes. Las herramientas a emplear pueden ser de muy variado tipo, tanto de probada eficacia como ingeniada por los interventores, pero ante todo, lo más importante es que en si mismas emulen el proceso de la tolerancia, es decir, que fomenten la participación, elaboración y sentido crítico de los sujetos.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por el blog. Me gusta. Me suscribo.

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  2. Muchísimas gracias.
    El tuyo tambiés se merece ser visitado.

    (La entrada del protal de Belén es soberbia)

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