sábado, 18 de septiembre de 2010

Panta rei

Después de tanto tiempo en estado de desorientación y confusión he descubierto que éstas no son cosas tan terribles. Curiosamente, tengo la impresión de que son más nuestras ganas de que el Cosmos sea rígido e inamovible, que el hecho en si del trastorno que nos pueda producir una pequeña modificación en nuestro entorno.


Las horas de pensar, dialogar, leer y meditar al final me han terminado dando una conclusión simple y clara; lo único estable es que todo cambia y no sabemos realmente lo que es bueno o malo para nosotros. Imaginate que quieres unos patines, los llevabas deseando meses, y al final alguien te los regala. Te los pones al día siguiente y los pruebas en el paseo del río. Vas dando bandazos de un lado a otro y una pequeña loseta por la que casualmente pasas está suelta. Ruedas por el suelo, te dislocas un hombro y te tienen que llevar al hospital ¿Mala suerte? Quince metros más adelante había un grupo de macarras que te iba a quitar hasta la pelusilla de entre los dedos de los pies y, entre otras cosas, tus preciados patines nuevos con su equipo reglamentario. Es más, llegas a urgencias y conoces a una persona que te encandila increíblemente y descubres que tenéis una enorme cantidad de afinidades. Incluso te da su número para quedar mañana. El mundo se abre ante ti y crees que te has enamorado perdidamente ¿Buena suerte? Antes de irse te dice que su pareja estará encantadisima/o de conocerte ¿Mala suerte?


A pesar de esto, hay algo que si es cierto, cada persona se encuentra en una posición única y privilegiada para plantearse su propia vida, ya que nadie como el sujeto en si para conocer lo que siente, piensa, desea y necesita. Por eso, a mi entender, solo hay una cosa que se puede considerar positiva en si misma y es aquello que permite al sujeto desarrollarse y disfrutar con mayor cantidad y calidad de matices de su propia realidad. Más allá del aparataje complejo y recargado que nuestra sociedad se ha encargado de perpetuar (o más bien imponer) a través de una serie de estándares sobre lo bueno y lo malo, hay una serie de necesidades básicas en todos los seres humanos. La búsqueda del si mismo, del desarrollo personal y de la autopotenciación se encuentra latente en toda persona, por adherida que se encuentre al dogma común. Con esto, se plantea que quizás lo mejor que podemos hacer por otro sea llenarlos de preguntas para que se cuestionen a si mismos, más que ahogarlos con consejos y sugerencias que no se adaptan a lo que realmente necesitan.


Parafraseando a Nietzsche, para crecer como persona tienes que aprender muchísimo sobre el mundo y volver a nacer a la vida olvidando lo que has aprendido. Mientras más nos afinamos en nuestro verdadero yo menos carga llevamos a las espaldas y más fácil nos resulta entender el vínculo que nos une con el resto de las cosas y, por lo tanto, amar de forma directa y honesta lo que nos rodea, que es, creo yo, la única fuente verdadera de felicidad y desarrollo para nuestra especie.



1 comentario:

  1. Has dado en un punto que, personalmente, me apasiona: la búsqueda incansable del ser humano de armonía interior, de equilibrio (del ananda de mi pecho). Dicha búsqueda de la utopía es, como bien dices, lo que nos hace avanzar, sortear el laberinto e ir encontrando salidas de entre todas las posibles que hay, aunque no vayamos a alcanzar un estado absoluto de paz. Y qué aburrida e insulsa sería la vida sin problemas que solucionar...

    Y ya, como aportación personal made in Sleazy: VIVAN LOS DESEQUILIBRIOS Y DESEQUILIBRADOS. Hahaha

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