lunes, 17 de diciembre de 2012

Inundación de sexualidad y escasex de sexo


 La televisión, el cine, la publicidad y nuestra forma de vida están atiborradas de sexualidad. Las series cautivan a sus seguidores con actores y actrices que les hacen fantasear. Las películas atraen a las adolescentes con vampiros y hombres lobos que se pasan más tiempo haciendo flexiones que cazando. Los anuncios nos aseguran que comprando ciertos coches tendremos un pivonazo en el asiento del copiloto. Gastamos horas en el gimnasio para lucirnos con las prendas adecuadas. Lo cotidiano en general está sometida una tensión sexual implícita y mal reprimida.

Uno de los instintos naturales del ser humano, por ser barrido bajo la alfombra como si fuese polvo, salta en el ambiente cada vez que alguien la pisa. Por gorda y cara que sea la alfombra, tapar algo que pertenece al carácter más puro de los animales que somos solo da lugar a malestares y trastornos. Las religiones y el romanticismo son las chinches más gordas que pican a este perro. Por un lado el mensaje del pecado, del alma que se mancilla y la conversión en un condenado a los ojos de la divinidad. Por otro el puritanismo disney, esa ideología de la pareja tradicional y el sexo procreativo que nos muerde la nuca cada vez que nuestra mano se dirige a las inglés propias o ajenas.

Definir en la mente de la sociedad que el sexo es más que nada la penetración es uno de logros más notables de estas queridas chinches. El sexo va mucho más allá. La sexualidad está en las caricias, en los besos, en los roces, en las miradas, en la imaginación, en la forma de vestir, en el mismo deseo que todavía no se ha expresado. El sexo puede ser agradable o desagradable, premeditado o espontaneo, privado o público, con uno mismo o con otros, honesto o tracionero, con penetración o sin penetración, con ropa o sin ella, limpio o sucio (si se hace bien). Pero en su raíz más pura es un intercambio íntimo entre personas y una necesidad natural del organismo. A donde lo lleve cada cual depende de como se lo plantee y nada más.

Pero pese a esto, la sociedad reprime la sexualidad en su forma más cierta y propia, el encuentro sexual entre las personas, mientras que premia una obsesión retorcida, indirecta e insana hacia la misma. Las calles pueden tener carteles de hombres en calzoncillos que podría rallar queso en sus abdominales y de mujeres en sujetador con turgencias suficientes como para no necesitar airbags. Las creencias populares pueden hacerte creer que, como decían los griegos, los bello es lo mismo que lo bueno y lo justo. Las series y películas te dirán que en el mundo solo hay humanos esculturales y que esos son siempre los que triunfan. También te darán a entender que tu prestigio y valor como humano se define en cierta medida por el atractivo de la pareja que encuentres. Te harán participar en ritos sociales e ir a sitios en los que lo importante es rodearte de gente sexualmente apetecible. Pero también te dirán que te contengas, que te guardes y que si quieres conservar tu honra, tu pasión se debe quedar solo para una posible pareja.

Cualquiera sabe, que si a una manguera que tiene un nudo le metes agua, más pronto que tarde revienta por algún lado. Y precisamente, como manguera con muchos nudos es como podríamos ver a la humanidad. Y uno de los más gordos es justamente el de la sexualidad. Tus deseos jamás deben presentarse en bruto, siempre tienen que estar refinado, emparedado en una excusa que le resulte tragable al discurso estándar. Tu libido contenida solo se podrá expresar hacia quienes hayas dibujado como especiales, ya sea por ser una posible pareja, porque las circunstancias fueron espectaculares o porque la persona lo es en si. Y de aquí encontramos las parejas infelices, los desengaños amorosos, el sexo imprudente, la sexualidad frívola y un sinfín de dramas innecesarios. La expresión de tu sexualidad tiene que ser más retraída que una mujer victoriana si no quieres recibir apodos e insultos de quienes lo que realmente necesitan es hacer algo parecido. Quienes no lo necesitan y son mínimamente prudentes estarán contentos con su camino y no necesitaran confirmarse menospreciando al resto. Si no, hablarán de promiscuidad como algo negativo, sospecharán venéreas donde no las hay y harán juicio de valor sobre frialdad y abuso. Usarán la bandera del respeto, como si el sexo fuese un insulto a la dignidad, cuando precisamente es una de las formas de entrega más apasionadas, directas e intimas que existen si se usa. Tanto el puritanismo castrante y como el hedonismo nihilista son perspectivas que aborrecer.

Nos empujan a vivir nuestra sexualidad de forma abreviada, sin erotismo ni profundidad. Se acusa de basto a quien quiere ser libre en su sexualidad, mientras que nos dan una forma de vivir el sexo pornográfica, descafeinada y reproductiva. Encasillada, encorsetada en clichés y mentiras. Nos condenan a que deseemos lo que nos dicen que debemos desear mientras que a la vez nos prohíben alcanzarlo. Ante esto solo hay una opción, "Don't dream it be it", como dicen en "The Rocky Horror Picture Show". Conoce tu sexualidad, explórala y expándela, libérala de prejuicios y edictos alienantes y compártela con el resto de forma íntima desde la más profunda sinceridad y honestidad.

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