sábado, 10 de enero de 2009

Conciencia acomodada e ira acrítica

La protesta y la pataleta desinformada e irreflexiva es algo que caracteriza a esta sociedad. Los eventos Tuenti y el correo en cadena apelando los buenos sentimientos del lector son un ejemplo de ello. Reuniones, huelgas o manifestaciones convocadas para luchar contra las malvadas entidades que asolan nuestro mundo y proteger al débil apaleado. Y no puede ser de otro modo, no caben las medias tintas.

Llegará el día en el que el ser humano asuma la responsabilidad de sus actos y a la misma vez que realmente posee una libertad bastante limitada. Cuando caiga esta farsa que es la cultura meritocrática, en la que se supone que cada sujeto es dueño y amo de cada acción y pensamiento, avanzaremos hasta el siguiente peldaño de la evolución humana y social. El individuo no es tal, eso está más que explicado en mi primera entrada de blog. El que crea que posee la exclusiva de la libertad sobre sus acto y que sus diferencias con los otros que son “más malos” se deben a que son personas muy integras y luchadoras deberían despertar de su hermoso cuento de hadas. La fabulación consentida y favorecida por los gobiernos y las religiones (y se perfectamente que esta frase suena a conspiranoia) acerca de la responsabilidad y la libertad de decisión solo sirven para mantener el actual (mal) estado de las cosas, véase el sistema judicial.

Voy a meter el dedo en la llaga y estoy seguro de que mas de uno va a cerrar la boca con mi dedo dentro. Pederastia y odio. Que fácil se ve el asunto y cuanta hipocresía y simpleza mental hay en esas personas que le desean la muerte a la persona que padece este trastorno. Esta insana sociedad se ceba en la tragedia y en la pena, dándole galones de oro al que sufre y retirándole méritos a las personas que viven una vida feliz y tranquila o que simplemente han cometido algún error o la vida les ha llevado a ello. Acudimos rápidamente a plañir por el niño, al que se le inviste de total inocencia vital, y a crucificar al violador, que pasa a ser un desecho social y alguien digno de ahorcar. Que pronto lloramos al niño, pero que rápido se nos olvida cuando crece y hace lo que el mundo le ha enseñado ha hacer. Maniqueismo puro, buenos y malos, blanco o negro. No hay reflexión, ni global ni analítica, solo una corriente clasificadora que nos lleva a colocar una etiqueta de bondad o maldad pura sobre la frente del vecino. Sería interesante hacer una lista; maricas, prostitutas, publicanos, judíos, musulmanes, pederastas, ladrones, vagos, violadores, maleantes, policías... Y ahora cada cual que escoja los que mas les guste y los coloque en el área de buenos o malos según sus mamá cultura le enseñó. Aquella persona “que se comporta de forma inadecuada”(según el criterio del predicador religioso o moral de turno) tiene un origen y unos motivos para ser así, y en algunos casos, como el pederasta, sufre un verdadero trastorno mental, una enfermedad. A nadie se le ocurre tratar un resfriado, el embola, el sida o el cáncer encerrando a al paciente, para primero ser violados, según dictan las leyes de sus nuevos compañeros, y ser relegados al olvido después. Que Michel Onfray me perdone el parafraseo.

La comprensión y la tolerancia son putas que se van con quien más les paga. Para el grueso de la población el musulmán es malo, fanático, pone bombas y pega sus mujeres. Pero como valorar las cosas acríticamente nos gusta, resulta que nuestra tranquilidad mental alquila en moneda conciencia y presta momentáneamente a las prostitutas que tan baratas maneja. Ahora los malos son los judios, que son ricos, amigos de los perversos Estados Enidos, usureros y violentos. Porque claro, el judío es el banco, que es el enemigo del pueblo en general y E.E.U.U. es un demonio de malvado sin corazón. Empapelemos las facultades de pancartas antisemitas, las paredes de panfletos contra los israelíes y los buzones de mensajería informática con quedadas contra Israel. Pero a la misma vez lamentemos el genocidio nazi y todo lo que sufrieron, y si cabe, demos le un giro de tuerca más, usemos como pretexto el hecho de que fueron hacinados en campos de concentración y perseguidos para obligarlos a todos a ser santos en vida. Cuando pasen cinco minutos y volvamos a reformular nuestros criterios de comprensión y tolerancia, el palestino volverá a ser parte de ese colectivo religioso a que todo el mundo teme y odia, y al que consideran un peligro público.

En lugar de buscar información, conocimiento o comprensión de los eventos nos bastamos con tomar un bando sin saber que es lo que está pasando y odiar con toda la intensidad social y revolucionaria posible al colectivo enemigo al que le ha tocado al china. Buscamos chivos expiatorios a nuestras desgracias y a las del ajeno, sin darnos cuenta de que todos son cúmulos de circunstancias y de que nosotros mismos podríamos haber sido “el enemigo” si hubiésemos vivido lo mismo que ellos.

Si tanto duele Palestina, el africano que muere de hambre y que viene en patera, el niño guerrillero y otras personas en circunstancias complicadas, en lugar de patalear y gritar a las puertas de la Organización Pública, se deberían formar grupos y asociaciones que se informen y lleven a cabo iniciativas para paliar estas desgracias.

Pero claro, eso ocupa más de una tarde, y un paseo siempre airea las iras y las consciencias.