lunes, 23 de mayo de 2011

Carta a nuestros compañeros

A la atención de todos los que están en esto,


Después de haber pasado una semana asistiendo a las concentraciones de mi ciudad, informándome intensivamente e incluso pasando una noche allí, hay algunas cuestiones que me preocupan y otras que simplemente me gustaría comentar. Para abrir la carta me gustaría agradecerle a todas las personas que han asistido, asisten y asistirán a las concentraciones, acampadas, debates domésticos, etc, sobre lo que está pasando, así como a las personas que más intensamente se están dedicando a trabajar en esto. También a los que hoy, mañana, dentro de una semana o más descubran que vale la pena dedicar algo de tiempo a buscar información sobre lo que está pasando, ya que lo realmente relevante es que la persona confronte el mundo y se vuelva activo en el mismo, aunque no sea el primero en "despertar".

Por lo que he podido observar en las redes sociales y en las reuniones de mi ciudad, la fragmentación y otros malestares amenazan el buen funcionamiento de la iniciativa. Un movimiento como éste es muy heterogéneo y la dificultad inherente que supone el debate entre cientos o miles de personas está dando la cara. Por ello, más allá de propuestas concretas es necesario explicitar la ideología que subyace a todo lo que estamos haciendo, o si no, nos encontraremos discutiendo en el vació. Una oportunidad histórica como esta no debe caer en saco roto y no debemos perder tanta fuerza por ser imprecisos/as. A mi entender, es bueno dejar de hablar de derechas o izquierdas, por la simple razón de que esta dicotomía es la que nos lleva dividiendo desde el principio de los tiempos como ciudadanos, en la gran mayoría de las ocasiones sin conocer el significado de las mismas. No se me interprete mal al decir esto, no pretendo decir que éstas definiciones políticas no están presentes en el movimiento, la intención es dejar de lado unos términos manidos que unos y otros tienden a lanzarse violentamente, siendo su mayor utilidad enquistar enemistades e insultar. Es mejor partir de la base de la argumentación y la reflexión para crear una ideología y unas propuestas que pidan lo que resulte necesario, sin sufrir el lastre de décadas de conflictos y violencia. En este momento es más importante la iniciativa y la creatividad que consultar el libro de los agravios para el desprestigios de unos y otros.


Por lo que he podido comprobar y que me corrija quienes lean esto si me encuentro en un error, encuentro clara cual es la inciativa común que está moviendo todo esto. Se pretende desde las diferentes concentraciones llevar esta sociedad a un mejor estado. Para ello se toman como fundamentales algunos principios que se desea garantizar con calidad suficiente:

  • políticos: representatividad real, configuración abierta y responsabilidad de los cargos

  • de bienestar: salud, servicios de asistencia y públicos y vivienda digna

  • de trabajo: disponibilidad de puestos laborales y buena formación en los mismos.

  • de educación: desarrollo personal y cívico.

  • económicos: control y supervisión de las entidades bancarias, así como del ámbito fiscal y revisión de las diversas inversiones que se están llevando a cabo, como en el apartado militar

  • de convivencia: libertad, tolerancia e igualdad.


Mientras tengamos bien claro cual es la meta común, tendremos algo con lo que trabajar juntos, pudiendo postergar las posibles divergencias que puedan surgir al llevarlo a cabo. La forma en las que esto se concrete es realmente relevante, pero puede ser operativizado de diversas maneras, algunas de las cuales puede presentar la misma calidad y/o utilidad. Si recordamos que esos son los principios deseados y con los que nos hemos comprometido será más fácil ser transigentes y comprensivos con las alternativas que se nos presenten, pudiendo llevar a cabo una valoración más sincera y prudente de las mismas. Elaboremos propuestas e iniciativas hasta que las diferencias sean insalvables y en ese momento practiquemos el respeto hacia otras perspectivas.


A este respecto es de donde viene una de mis preocupaciones. Debemos guardar un gran cuidado a cerca de nuestro comportamiento y nuestra actitud o la incoherencia nos dejará al mismo nivel que a la clase política y a la ciudadanía perezosa cuyas acciones tanto nos desagradan. Estamos pidiendo respeto, justicia e igualdad ¿pero acaso eso no empieza con nuestra propia práctica? ¿Como podemos pedirlo mientras insultamos y despreciamos a otros? Es comprensible que durante una manifestación y hartos y hartas del abuso, las mentiras y el sometimiento se clamen consignas que se pasen algunos de los filtros siempre que no sobrepasen cierto punto. Se pueden aceptar algunas como "Que gobiernen las putas, sus hijos no saben", a pesar de que sea poco respetuosa y de la carga sexista de la misma, (no es necesario pasarse de beato). Pero no son aceptables cosas como "Contra la corrupción, político a prisión. Contra la usura, banquero al paredón", más teniendo en cuenta las connotaciones que "paredón" tiene en nuestro país. No hago una proclama de las "buenas formas" en la vida en general, ahí cada uno que diga las cosas al gusto, pero en estos actos públicos se debemos atender a ciertas cuestiones, sobre todo pidiendo lo que pedimos.


Al hilo de lo mismo, comentaría lo que ha sucedido durante una procesión en Granada. Es inaceptable que un grupo de personas interrumpan un acto de fe de otras y las increpen. Es cierto que la Iglesa ha manifestado una actitud poco adecuada en varios temas y que para muchos las procesiones no son cultivo de buen caldo, pero aún así, eso no justifica el abordaje que a esas personas se les hizo durante su práctica religiosa. Si ese colectivo no estaba haciendo nada que dañe a otros ¿que razón o motivo hay para que otros sujetos interrumpan lo que hacen? ¿alegar la vinculación que pueda haber con la Iglesia? Pues bien, tengan claro los que proceden de esta forma que a la Iglesia no han hecho daño alguno, pero a los que estaban procesando le han causado un profundo malestar además de crear una imagen del movimiento nefasta y con razón, además, con la incoherencia que supone respecto de los valores que defendemos. Si lo que se considera es que las subvenciones del estado a la Iglesia son inapropiadas, pidamos su cese, pero respetemos las creencias de los demás. Si la lucha se vuelve hostil y represora no llegaremos a nada bueno ¿acaso es mejor ser inquisidor de los inquisidores que inquisidor? Ojo por ojo y el mundo quedó ciego.


Este respeto ha de mantenerse en el seno de nuestro movimiento y también hacia afuera. Recordemos que pese a toda nuestra convicción y fuerza somos una parte de la sociedad, no toda ella. Nuestro avance debe ser decidido, pero también prudente y humilde, no juzgando a mal a todos los que aún no se han sumado o toman opciones distintas. Si hiciésemos eso, solo seríamos otro de tantos grupos de iluminados que creen que van a salvar el mundo tomando a los demás como ineptos. En ese caso propugnaríamos cambiar la oligarquía de la clase política por una falsa oligarquía del pueblo, aunque empecemos pidiendo democracia e igualdad, eso ya ha pasado antes en nuestra larga historia. Esto se ha visto en algunas reuniones, ya que algunos "abanderados del Bien Superior" han hecho aparición, dictando y dictaminando e incluso despreciando a sus compañeros y dividiendo el movimiento o intentando desgajarla para tomar su propia iniciativa.



Espero que sea de utilidad, un abrazo y ánimo, aún nos queda mucho por delante,

Daniel