domingo, 23 de septiembre de 2012

La naturaleza de la Divinidad

     Hablar de la Divinidad es algo difícil y farragoso, ya que la enorme cantidad de paradigmas que lo han intentado a lo largo de la historia es enorme. El acercamiento, compresión, seguimiento o rechazo a ésta a constituido uno de los pilares fundamentales de todas las culturas. Desde enormes panteones de dioses y diosas antropomorfizados, pasando por el monoteísmo absoluto del islamismo hasta el ateísmo actual. Sin embargo, hay una visión de la Divinidad que me resulta más interesante y profunda.

     La noción de Divinidad en brujería es profundamente distinta a la que suele tener el ciudadan@ de a pie y puede llegar a ser también divergente para quienes participan de estas creencias. La experiencia de lo Divino se filtra en todas las capas de la realidad, adquiriendo distintos significados según la faceta desde la que se mire. Así, se convierte en una creencia , animista, panteísta, politeísta, polar y monoteísta.

     En primer lugar, la naturaleza es algo vivo y todo lo que está en ella tiene su propia esencia y espíritu. Esto es distinto a que una piedra tenga conciencia de si misma o que le duela que la pateen. Los elementos de un paisaje forman parte de un ente mayor por la conexión, suma y sinergia de sus partes. Ver así el entorno obliga a quien lo mira a contemplarlo, ya no desde la indiferencia o la emoción estética, sino desde un profundo sentimiento de admiración y respeto. Esta noción de "vida" de todas las cosas y la reverencia a éstas es algo que en el shintoismo japones se capta muy bien a través del término "kami". No obstante, el animismo forma parte de las creencias chamánicas de multitud de pueblos, ya sean en África, el este de Europa o en Norteamérica.
     El sentimiento de convivencia con estas fuerzas de la naturaleza se ve magnificado por el hermanazgo de todas las cosas bajo el eterno ciclo en el Absoluto. Todas las cosas tiene una ligazón irrompible que en su comunión total forman el aspecto máximo, último y sagrado de la Divinidad. Así, todo lo existente forma parte de lo más sagrado.

     Junto a esta visión del mundo entran la creencia y devoción a distintas divinidades. Para empezar, las divinidades no son en si mismas, sino que son el resultado de combinar la visión cultural sobre un aspecto de la realidad con la idiosincrasia del devoto en el momento de intentar acercarse a un "canal energético" existencial. Éstas vías dan a lugar a la creación de multitud de dioses y diosas, ángeles, espíritus, santos y santas que aparecen en todas las religiones, pero que no obstante, corresponden certeramente a los mismos patrones. Para continuar, por si mismos, estos "canales" no tienen interés ni necesidad de inmiscuirse en la vida de nadie, ni para premiar ni para castigar. La forma o máscara que recibe adoración es más un modelo de orientación, virtudes y conductas que un juez cósmico.
     Siendo estos canales diversos, terminan por agruparse en dos, el masculino y el femenino. Quizás las etiquetas para describirlos no sean las más afortunadas, ya que fácilmente se mezclan con la nociones de género de masculinidad y feminidad. Podemos mirarlo desde el prisma chino del yin-yang "El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración". Hay que tener en cuenta que en el taoísmo, no existe el criterio de superioridad moral para cielo o luz, ni tampoco la división artificiosa entre materia y espíritu. También hay que añadir que todo lo que es yin tiene su parte de yang y viceversa. Gran parte del desarrollo personal y mágico en brujería constituye el desarrollo equipotencial de los dos polos, se tenga el sexo que se tenga.

    Finalmente, estos dos canales, como se puede intuir, son en realidad uno solo. La integración del "Dios" y la "Diosa" suponen el origen, mantenimiento, conexión y muerte de todas las cosas. En este equilibrio innato es donde se encuentra el Absoluto, que por su bastedad es totalmente incognoscible para la humanidad, pero que sin embargo, al pertenecer a él nos vincula con la más alta Divinidad y con el resto de la existencia.