lunes, 26 de julio de 2010

Cierto cansancio y hastio momentaneo

Aunque sea por una breve hora, el agotamiento me ha terminado por comer. Sentir que la gente no quiere comprenderte y que usa la ambigüedad en su eterno juego de evasión y de autovictimización es asqueroso. Me canso y así lo digo, de que la gente, hasta los topes de incongruencia, digan si cuando quieren decir no, no cuando quieren decir si y quizás cuando es seguro. Me aburro de tener que vivir en un permanente Risk en el que cada acto tiene que estar milimetrado para que la hipocrita moral superficial que ni si quiera ellos cumplen, a tenor de la más triste excusa, sobrevuele sobre mi como una condena que tarde o tramprano caerá. Es triste ser honesto y claro en cada término, preocuparte por los demás y que siempre pidan más, no tengan ni idea de lo que quieren de su vida y que te culpen a ti de su escasa estabilidad.

Rabia, frustración, ganas de irme lo suficientemente lejos como para que ni yo mismo me encuentre. Tiendo la mano a quien la necesita, pero cuando la extiendo yo la ristra de sus penas y padecimientos toca al suelo. Yo soy el sabio, yo soy el fuerte, yo soy el que oculta la debilidad, yo soy el maduro, yo soy el que nunca puede equivocarse, yo soy el sabiondo, yo soy el listillo... pues no, yo soy un humano, como todo el mundo. Ya también necesito un abrazo, seguridad, que me den un consejo que alguíen se ha encargado de reflexionar cuidadosamente, llorar simplemente porque alguién me ha dicho algo bonito que no estoy acostumbrado a oir...

Creía que no tenía que medir cada paso, que podía simplemente caminar pacíficamente y baliar con las estupidas normas que otros crearon para otro momento y que no se ajustan a lo que cada cual necesita ahora. Se ve que no... las peliculas Disney son mas potentes que mis actos, la decantación de la moral católica tiene más valor que mis argumentos, mi capacidad de amar se vuelve opaca frente a la apatía y el nihilismo, mis buenos actos se caen en el pozo de la crítica sin fundamento.

Pues bien, mi tope ha dicho que no más. Si no quereis caldo, doble taza. Ajeno, confuso, incomprensible, incoherente, extraño... Entenderá el que quiera entender, reirá el que quiera reir, me conocerá el que venga a buscarme.

He cometido errores estupidos. Busqué compañía para llenar los días vacíos, me puse excusas para no estudiar lo que debía, fuí a donde no me apetecía, pasé horas interesandome por personas que no se interesaban, lloré por el sufrimiento autocasionado de otros, intenté salvar el mundo con cartas al Rector, abarqué más de lo que cabía en mis brazos, hablé cuando no debía, me engañe a mi mismo con las cosas más irrosorias, le grité al televisor cuando me frustraba la burla de realidad que muestra, sonreí por compromiso y me sofoqué enormemente por cosas que no merecía la pena. Y esta vez será la última vez que lo haga.

No es útil luchar contra la desorientación de los que quieren estar desorientados, llorar las heridas de los que se hieren a si mismos, levantar al que quieren estar sentado. El ser humano tiene cierta libertad, voluntad y derecho a construir su propio camino, por mala que sea la senda que los lleve. Si ellos deciden calificar mis actos como ridiculos, pretenciosos o incluso malos, no será yo quien se lo niegue ni quien luche contra ello. He colocado mi destino en mis manos, no culparé más al resto, no me acribillaré más a mi mismo innecesariamente, no olvidaré la capacidad de perdonarme a mi mismo, sabré que todos somos disitintos y que las visiones no tienen porque converger, querré pensar que al fin y al cabo cada persona es en el fondo un ángel.

Y ahora vendrá la tranquilidad, saber que intento construir un día a día positivo, en el que todos puedan desarrollarse, y en el que pretendo el bienestar de los que me rodean. Ser consciente de que tengo que fomentar en mi mismo una virtud llamada prudencia y no lanzarme al primer capricho que surja.

Al fin y al cabo solo puedo decir gracias. Cada dificultad es una prueba, cada crítica es una reflexión y cada momento de disfrute un reposo. No tenderé una mano, sino dos. No seré paciente, sino calmado. Pero no me justificaré, no esperaré la aceptación de todos.

La mejor actitud de recibir es tener las manos abiertas y ya ni pido ni retengo, solo disfrutaré con cada cosa que venga a mi y aprenderé con cada problema que resuelva.