domingo, 6 de marzo de 2011

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Si hay algo de lo que te debes cuidar

es del éxito y del reconocimiento.

No se debe asimilar el propio gozo y bienestar

con lo que otros celebran,

cada cual tiene su camino.


Ser persona de provecho

es haber seguido durante toda la vida

el mapa de lo socialmente recomendado.

Si uno atiende a la orden social

¿como puede hallar su propio camino?


Es fácil ser engañado

cuando uno posee aquello que es de prestigio

y nos aplauden constantemente

aunque obremos de forma perniciosa.


Excusar la acción dañina

por estar respaldada por la conveniencia social,

rechazar la acción beneficiosa

por resultar extraña a la norma social,

es la base de nuestra desorientación.


¿Porque no cuestionar

y tomar las cosas según la raíz?

¿Porque inclinarse

ante unos honores inútiles?


Más vale cerrar los oídos

y mirar hacia dentro

que promulgar los edictos

de una fuente desconocida.

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Ayudar a otro no es sacrificarse,

si uno se fustiga para recibir reconocimiento,

sus méritos dependerán del auditorio,

si uno muere por el otro

¿a quién más podrá ayudar?


Si uno se vierte exageradamente

y se da de lado a si mismo

para satisfacer las necesidades ajenas

¿no sería como si un ladrón

le robara a uno lo que le pertenece?


No está en el orden natural

entregar la vida por la satisfacción ajena,

del mismo modo que no lo está

ignorar la necesidad del otro

o disfrutar con el llanto de un niño.


No es raro, que tras nobles palabras

y grandes discursos,

esté la intención ciega de someter al resto

por voluntad de un bien superior

que realmente daña a la persona.


¿Que bien puede haber

en soportar un martirio por ser llamado “bueno"?

¿Que bienestar produce

vivir a cuentas de salvar al resto

sin cuidar de uno mismo?


Más vale cuidarse de los malestares

y dejar enderezarse lo que está torcido

que romperse las manos con un peso

que ni podemos ni debemos tomar.