sábado, 27 de diciembre de 2014

La mala costumbre de usar "amigo/a"

En ocasiones solemos usar las palabras sin atender muy bien a que queremos decir con ellas. Lo malo es que ésta definen, categorizan y crean expectativas. Si conozco a una persona e indistintamente uso amigo, colega, compañero, conocido, con frecuencia nos encontraremos con conflictos originados por esperar o que esperen algo que no se corresponde a lo que ocurre. Parece que por simpatía y comodidad social, usamos amigo para cualquier persona por la que sintamos cierto afecto. Parece que un par de cervezas, encuentros o conversaciones convierten la relación en "amistad". Obviamente, la atribución del termino dependerá de cada persona, pero lo más probable es que se produzcan malentendidos.

De una amistad esperamos atención mutua, intimidad, constancia, cariño y cuidados. Es fácilmente imaginable que poner esas expectativas en una persona a la que no se conoce lo suficiente va a provocar confusiones y malestares. De hecho, seguramente le hará sentirse presionada y alejarse. Sentir respeto, admiración o interés por alguien no crea una amistad. Por mucho que la persona nos fascine, la altura de nuestro afecto no la convierte en intima. Normalmente, incluso colocamos en la otra persona responsabilidades o "devoluciones de interés y afecto" que la persona ni si quiera sabe que queremos que asuma.

El uso indiscriminado de esta palabra acaba generando una profunda insatisfacción y sensación de soledad. Presuponiendo que estamos rodeados de amigos y amigas creemos que esa parcela está cubierta y satisfecha. Como realmente no trabajamos en ella, no se llegan a producir los actos de vinculación y apoyo que nos son tan necesarios y que subyacen a la amistad. De hecho, la verdadera amistad nos pone en fuga, ya que supone un esfuerzo por abrirse hacia otra persona y poner interés en conocerla y cuidarla. Flexibilizar nuestros hábitos, formas de ocio, costumbres y perspectivas nos produce una inseguridad que en muchas veces vence la prudencia y la tolerancia que se hace imprescindible en una amistad. Otras conductas periféricas de la conducta tradicional, como es el abandono de los círculos sociales cuando se encuentra pareja, supone otra dificultad añadida a la obtención y mantenimiento de amistades.


Todas las personas necesitan de la interacción social, ya que nuestra naturaleza gregaria y cultural lo pide a gritos. Fomentar las amistades desde el respeto al tipo de interés que tiene la otra persona en nosotros/as y enfocándonos de forma honesta a lo que queremos de ella, nos abrirá la vida a una relaciones interpersonales sanas y fructíferas.