martes, 20 de diciembre de 2011

Y de como yo llegué a esto

Aunque ahora no sea un buen momento para que creer sea bien visto socialmente, un@ no puede dejar de lado lo que es por lo que los demás quieres que sean. Esta religiónfobia es hija de la mala obra de los monoteismos derivados de la religión del libro, especialmente del catolicismo y de la ignorancia acerca de lo que promulgan las que no están adheridas a éstas. El intrusismo del catolicismo en la vida diaria de occidente, el sionismo judío y el fanatismo islámico han teñido de color sangre la historia de la humanidad. Además, han sido las que han poseído la mayoría de recursos para la difusión de su mensaje. En un caso, por ser la religión oficial del mayor imperio de occidente, otra por contar con una cantidad de recursos abrumadora y la última por una curiosa mezcla de las dos anteriores, además de resultar un potente cohesionador social en el clima hostil del norte de África.


Otras religiones también son masivamente secundadas, sin haber convertido su historia en un caudal de sangre, aunque como toda obra del ser humano, en algún momento ha terminado por caer en el errores. Algunas de estas confesiones son el budismo, el hinduismo o las religiones tradicionales de zonas concretas. La lista de religiones resultaría casi inabarcable, en primer lugar porque aunque existan algunos grandes corpus generales que reciban un nombre, como cristianismo, después se dividen en ramas con grandes diferencias, que después dan lugar a otra serie de esquejes, que no necesariamente tienen que coincidir en algunos puntos que podrían considerarse esenciales. En segundo lugar, porque la experiencia religiosa bien desarrollada es intima y propia para cada persona y por lo tanto, una interpretación propia de los criterios que se le dan.


Mi travesía por este mundo empezó, como en la mayoría de casos de este país, por el catolicismo. Aunque hice la comunión con fe absoluta, en la misma semana me di cuenta de que el mensaje fundamental de Cristo tenía que ver con lo que hacía la Iglesia lo mismo que un huevo y una castaña. La costumbre que tenía desde hace tiempo de comerme los apartados de mitología de todas las enciclopedias me ayudó a entender desde muy pronto una cosa. A pesar de que nos muestran el folclore de otras culturas como caprichos paletos, la mitología de un pueblo no es una colección de cuentos hecho para entretener a los niños, es la explicación de la realidad, el sentir más profundo y la visión del mundo que deriva de ésta. Es una perspectiva en unos casos explicativa de las leyes del Cosmos y en otras un relato moralizante sobre las conductas humanas. Esa comprensión me hizo darme cuenta de que mis deferencias con esa doctrina inhumana, represiva y desconectada de su propio núcleo que es el catolicismo no era una cuestión única de mi y de esos locos que estaban equivocados del islamismo, los doctrinariamente retrasados del judaismo o los majaras rapados de túnicas naranjas del budismo, como en clase de religión me quisieron dar a entender. Esta última religión fue de las primeras que exploré, a parte de leerme gran parte de la Biblia. Al explorar en profundidad el libro sagrado del Catolicismo, concretamente al leer el Nuevo Testamento, me sorprendí al descubrir que las diferencias que yo notaba entre su mensaje y el de Jesús no era solo cuestión de apariencias, sino profundas, tanto, que contraría los contenidos más esenciales de su mensaje. A mi entender, tal y como se suele decir, si Cristo volviera, la propia Iglesia lo crucificaría de nuevo.


Cuando empecé a leer algunas cosas de budismo se sorprendió la diferencia que había entre lo que explicaban en las clases de religión y lo que realmente defendía esta cosmovisión. Muchísimo más sensata y coherente consigo misma que el catolicismo, me hizo preguntarme que más mentiras me habían contado. Revisar la historia benevolente de la Iglesia que nos cuentan es encontrar un camino empedrado de ambición y violencia, desde las decisiones del concilio de Nicea, pasando por las mutilaciones y torturas de la Inquisición hasta el colaboracionismo con los regímenes totalitarios que asolaron Europa. Por aquellos entonces, cayó en mis manos un libro que llamado “Jovenes y brujas” de Silver Ravenwolf, perteneciente a una religión neopagana llamada wicca. En breves palabras se podría decir que “surgió el amor”. Gran parte de mis nociones de vinculación con la naturaleza, amor entre las personas, deidades benevolentes y misticismo esotérico estaban reformuladas en ese manual. Y con 16 añitos encontré en esta religión un marco explicativo que me acompañó íntegramente un tiempo.


Pero todos los romances tienen un final. A los 19 investigué los orígenes más concretos de la wicca y la decepción me hizo darle una patada. Según entendí, esta religión fue creada por Gardner hará cosa de 60 años, con influencias tan sui generis como la de Alistair Crownley. No investigué lo suficiente, como más adelante hice, para descubrir que realmente Gardner no inventó nada, sino que reunión y reconceptualizó antiguas creencias paganas y que la propia wicca, en sus diversidad, evolucionó hacia formas más sensatas (como la de Ravenwolf) que la que el propugnaba, llena de escalones, grados y control. Y aquí empezó una corta, pero muy insatisfactoria racha de religionfobia y cientificismo que no lograba llegar a creerme, cuya principal base era el ambiente intelectualoide y trascendido del ambiente universitario y el cacareado mensaje en la facultad de la necesidad de ser ciencia para ser algo útil y de bien.


Finalmente, la cabra volvíó a tirar al monte, y tras unos meses de rechazo, volví a leer sobre budismo, me regalaron un Corán y, por primera vez, tuve noticias del taoísmo. Con el Tao the King en sus distintas traducciones, empecé a encontrar una sorprendente base común entre todas aquellas perspectivas religiosas que se centraban más en el desarrollo personal que en la imposición de normativas y jerarquías. Wicca, budismo (por ende hinduismo), taoismo (el original, no la versión actual) y cristianismo, no eran para nada visiones enfrentadas, sino manifestaciones con rasgos ideosincráticos de las misma necesidad y de los mismos sentimientos. En este punto, la confrontación entre religión y ciencia, me terminó de parecer un desatino enorme, que más tiene que ver con los ruidosos choques de los fanáticos (que son las personas que no han entendido lo que defienden y por temor tienen que erradicar lo distinto) de uno y otro bando, que con algo con un fundamento adecuado. También ayuda el hecho de que el catolicismo haya sentenciado a todas la personas que practicaron cualquier forma de conocimiento sin que esta obtuviera beneficio a lo largo de su historia.


El resultado de este viaje en la búsqueda de una definición sensata y consecuente de mi posición en el Cosmos ha perfilado un conjunto de creencias que nace del sincretismo y el panteísmo. Cinco son las palabras que podrían sintetizarlas: libertad, responsabilidad, naturalidad, utilidad y cambio. Por replicar al sistema imperante podría decir que tendría mis propios 10 mandamientos:


1- Desearás el bien de la naturaleza y del prójimo por encima de todas las cosas

2- La vida solo será arrebatada para mantener la vida

3- Obrarás por ti mism@ tomando la responsabilidad de tus actos

4- No consentirás opresión ni daño alguno

5- Serás fiel a tus promesas y no faltarás a la verdad

6- Buscarás dentro de ti en lugar de engañarte con el prestigio venido de fuera

7- Respetaras las creencias de los demás y buscarás las tuyas propias

8- De aquello que tengas, nada tendrás como propio frente a quien lo necesite

9- Serás agradecido con quien te beneficia y perdonaras a quien te dañe

10- No tomarás ni dañaras lo que no te pertenezca


Esto sería una directriz que para ponerla en pie solo se necesita algo de sentido común, siendo un pacto de mínimos bastante claro, cosa distinta es que sea fácil de alcanzar en la situación actual, por lo que en primer lugar habría que luchar por eliminar los impedimentos. No obstante, esto se puede ampliar, aunque en mayor o menor grado están recogidas en las 10 anteriores, excepto las de tienen un matiz religioso, por ejemplo:


Ningún título ni característica puede otorgar ninguna persona mayor dignidad que otra

Cosas como el Bien el Mal y el pecado no existen

Las personas poseen libertad de obra y consciencia, por lo que nadie debe forzarlas

No hay ningún ente que nos maneje, por lo que nuestros actos son nuestra responsabilidad

Todas las cosas forman una unidad a la que llamo Diosa

Todas las facetas del la persona han de ser respetadas y atendidas

Lo esotérico es una ayuda no una solución

Las creencias del ser humano moldean la realidad

Hay que dar voz a todas las opiniones, pero censurar aquellas que dañan o promueven la hostilidad hacia otros grupos humanos.

La libertad siempre está matizada por la responsabilidad de quien la ejerce y la libertad de quien recibe.


Tampoco creo que hacer un guión pormenorizado de lo que creo o dejo de creer sin dar más explicaciones interese a nadie, así que en otra actualización subiré el grado de misticismo y me meteré en este berenjenal.

lunes, 5 de diciembre de 2011

La crisis no existe

Esta canción se puede considerar la versión corta de todo lo que viene a continuación: http://www.youtube.com/watch?v=iWJ8II838ig



Nos están tomando el pelo y estamos muertos del gusto en el proceso. Si la circunstancia mundial es tan grave que las ministras italianas lloran por las esquinas ¿Porque no cambiamos el tercio? Porque, señoras y señores, esto es una pantomima derivada de la avaricia, la cabezonería y una falta de empatía aberrante ¿Como puede ser que unas inversiones, que son solo dígitos en computadoras, estén matando a tanta gente? Que nadie le parezca esto una idea desmesurada ni radical, es triste y meridiánamente cierto.


Hace tiempo, cuando la gente viajaba a caballo y llevaba espada, la codicia y las formas opresivas que la facilitaban eran visibles. Las invasiones de los pueblos "civilizados" a otras tierras como Roma lo hizo a la cuenca mediterránea, España con Sudamérica o Napoleón con Europa eran claras. Arma contra cuerpo o contra otro acero. A menos que hablemos de ninjas, la violencia era directa, frontal, clara. Pero ya sabían en Roma que para evitar los alzamientos no había nada como asimilar a la capital las mentes de los pueblos conquistados. Hacerles aprender su lenguaje, sintetizar su religión, "mejorar su forma de vida" (cosa peliaguda, si para mejorarla primero has tenido que cargarte a la mitad de la aldea) con el consecuente olvido de como lo hacían antes, comunicarles con carreteras y poner estatuas divinizadoras de sus dirigentes. No en vano muchos de los rasgos evangelizadores del catolicismo sistematiza estos procedimientos y mucho más tarde, los regímenes dictatoriales crean prolijas ideologías para confundir y engatusar a su población sin esfuerzo armado. Y así, la opresión, la violencia, el tener al resto de la población bajo la bota pasa de ser directa y física a ser indirecta e ideológica.


Esta forma de control obviamente no se dio en una sala a oscuras con hombres encapuchados, por atractiva que nos resulte la idea. Ha sido un proceso lento que se ha ido puliendo e invisibilizando a lo largo de la historia. El basamento de la misma se ha ido modificando. Desde que las tribus fueron sometidas por caudillos extranjeros y las mujeres postradas ante los hombres, la legitimación por sangre, como canal de transmisión de las dotes de poder y mando se ha perpetuado hasta recientemente. Esta primitiva base del feudalismo por lo común se encontraba imbricada con la noción de que en esa sangre también fluía alguna esencia divina que le daba el derecho de gobernar. En muchas culturas el puesto de sacerdote supremo y rey/emperador (con excepciones de algunas mujeres, como Hatshepsut en Egipto) era el mismo, llegándose a identificar con la divinidad. En occidente, este atributo coincida con la divinización del Emperador hasta que el Imperio Romano cayó. Ya con el feudalismo el rey/na o emperador/triz ya no es la divinidad en si, sino que ostenta este puesto "por la Gracia de Dios". Los privilegios de sangre establecían una diferencia abismal entre los escalafones sociales en aspectos fundamentales como el derecho a la vida. Pertenecer a la clase nobiliaria concedía una serie de eximentes que ya lo habría soñado más de un paisano tomado por la Inquisición.


Con la aparición de la burguesía en las ciudades y la perenne pereza de las clases regentes de Europa, este equilibrio peligra. Al convertirse la acumulación de oros y materiales preciosos como base de la riqueza del país, los banqueros de la época empiezan a poner su baza de poder en el escenario mundial. Por poner una pequeña muestra, Felipe II, hijo de Carlos V, en su momento ya se dejó sus honores en la financiación por parte de banqueros y prestamista, una deuda que arrastraría el Imperio más tiempo del deseable. Con el transcurso del tiempo y el aumento de poder del burgo y la potenciación del comercio de materiales exóticos de India, Japón, China y el descubrimiento de América, las iniciativas de inversión de capital en el expediciones al extranjero dio sus frutos. El panorama general era claro, unas monarquías cada vez más pusilánimes que dejaban más en manos de consejeros y asistentes que no lograban atender a los cambios y una burguesía que estaba encontrando su nicho en el nuevo mundo que estaba creándose. Finalmente, la clase burguesa, usando como arma y escudo a las clases pobres y obreras se levantaron contra esa vieja opresión con la promesa de crear unas sociedad más justas y libres. Este sería el nacimiento de las hipotéticas democracias y la abolición de la legitimidad absoluta de las monarquías.


Como bien se vio a posteriori, todas estas promesas de igualdad se vieron rotas y se quiso mantener la apariencia de su existencia con maniobras arteras. La burguesías sustituiría a los antiguos señoríos feudales en el control y gestión de las normas sociales, la ética, la moral, los sistemas productivos y la política. El modelo de Taylor, en el que la clase obrera está compuesta de zoquetes que deben atender al trabajo en cadena para producir más y más es el apoyado por unas clases pudientes y elitistas que en nada tienen que envidiar a Maria Antonieta y a su recomendación de que si el pueblo no tenía pan, que comiese pasteles. Un rancio romanticismo muy mal entendido actualmente empieza a sentir un profundo amor por las ruinas del pasado, los cuentos de una nobleza idealizada y el deseo de volver al pasado ante la modernidad que tanto le inquieta.


El desarrollo histórico y el avance en otros campos puso en bandeja la hegemonía absoluta de la burguesía. El desarrollo científico y filosófico se independizaba del sometimiento del catolicismo y se expandía por momentos. La técnica mejoraba la calidad de vida de unos y otros, aunque como siempre, los caudales de capital ponía en evidencia quienes se beneficiaron primero y mejor de estos avances. La coincidencia contextual dio y da la impresión de que la burguesía, el capitalismo y el liberalismo trajeron todos estos beneficios. Este discurso, tan bien empleado a través de la educación y otros medios carece de todo rigor histórico. Lo que si hizo la clase dominante es ponenciar aquellos ámbitos que le convenían para mejorar la calidad y cantidad de su producción. El ferrocarril como forma de transporte de mercancías si tuvo raudales de capital para financiarse, así como la búsqueda de petroleo. La financiación de la penicilina, las investigaciones de Bohr o el desarrollo de la teoría de la relatividad de Einstein (aunque de su derivación de la bomba nuclear si que fue bien financiada en el Proyecto Manhatan) no tuvieron el respaldo ni el amor de las clases pudientes. En todo este proceso, la burguesía vive en sus mansiones, en sus despachos y desde allí comanda a las legiones de obreros que no tienen más remedio que trabajar para ellos o morir de hambre. Mientras los primeros aumentaban sus ingresos y financiaban y dirigían el rumbo de las naciones, los segundos tenían que luchar por la adquisición de unas jornadas de trabajo de 8 horas o por la eliminación del trabajo infantil.


La concesión de derechos al ceder la patronal una parte irrisoria de sus beneficios otorga cierta sensación de justicia social. Esta imagen de mundo equilibrado y garantista da su más magnifico espectáculo con la creación de las grandes instituciones humanitarias, todas con la venia y bajo el control y la financiación de la clase pudiente. El mapa de la realidad actual podría sintetizarse de la siguiente manera mirándolo desde estos tres niveles:

Infraestructura o sistema de producción: Son el conjunto de mecanismos y centros de generación de los satisfactores de las necesidades humanas. Creo que no hace falta explicar ni demostrar que ni uno solo de éstos, descontando alguna pequeña cooperativa local, está en manos de la gente de a pie. Por el contrario, la clase enriquecida, mediante la competición hacia si misma ha jerarquizado su control. Teniendo el control de los mismos fundamentos de la satisfacción de las necesidades humanas sin que el resto de la humanidad (enormerrima mayoría de la sociedad) pueda participar en su gestión ¿como podemos hablar de igualdad?

Estructura: Es nuestro contexto funcional y organizativo más próximo. Creo que de nosotr@s nadie ha elegido los mecanismos con los que nos desenvolvemos, es más, encontramos molesta, incomprensible e impositiva toda la estructura burocrática que nos rodea. Cada iniciativa personal se ahoga en el mar de normas y reglas que hay que cumplir. Las relaciones personales se marchitan a causa del finalismo que todo lo impregna. Cada lugar para una cosa, cada momento para una actividad y las personas para ninguno. Cualquier acción debe tener su cauce gestionado por la administración o la recomendación de un experto o una institución para que su validez sea correcta.

Supraestructura o marco ideológico: Este nivel es crítico actualmente y es donde la clase dominante a sentado su poder y lo garantiza. La clase pudiente, empresarial (las de altos vuelos, no todas las empresas, obviamente) y enriquecida tiene en su control los medios de comunicación de masas donde proyectan sus ideales y valores. También llena el contenido de los libros que edita, de las películas que promociona y de los juegos que produce. El consumismo no es un fenómeno aislado o espontaneo, es la consecuencia de que la clase trabajadora haya interiorizado como buenos los valores de gasto y propiedad que la burguesía ha querido inculcarle. Los roles de género y demás enfermedades sociales beben de esta fuente forma directa. Un puñado de las actualizaciones de este blog hablan sobre valores y la ideología, así que no es interesante darle más coba a este punto.


Las derivaciones de esto son desagradables, pero hay que asumirlas para evitar la manipulación a la que nos vemos continuamente sometid@s. Un grupo extraordinariamente reducido de personas tienen en sus manos las fuentes de satisfacción de las necesidades humanas. Estas mismas personas son las que tienen en su poder la capacidad de gestionar la información que recibe la sociedad. Estas mismas personas son las que financian a la clase política. Estas mismas personas son las que han generado las leyes del mercado y quienes más las usan. Estas personas con sus propias leyes son las metido al mundo en una supuesta crisis.


De este conjunto también se extrae que esta clase es quien está dictando lo socialmente aceptable, de que derechos debemos gozar y que rumbo a de tomar el mundo. Mientras tanto, nostr@s hablamos de progreso y de una evolución social, siendo agentes pasivos que no se dan a si mismos la potestad de decidir y vivir, sino que espera a que quien manda sobre nosotr@s nos den algunos premios para que sigamos dentro de la fantasmagoría del mundo civilizado, libre y en equilibrio. Del mismo modo que la adquisición de derechos es una ilusión, materialmente demostrado ahora que nos los están "quitando", la crisis también lo es. Es esta crisis, que tiene a familias en el desahucio y la desesperación Que nos duele aquí mientras hemos estado permitiendo la explotación del resto de nuestra especie en otros lugares del mundo. Que ahora parece que todo lo agota mientras hemos permitido que devoren el medioambiente y el futuro de nuestra infancia. Es toda una mentira, una farsa. Es el código que la clase dominante quiere aplicar a la realidad como si fuese el único posible. Es el medio con el que se quieren demostrar que estamos sometid@s, que nos hemos creído su historia. Quieren romper la última barrera que les queda, que no es otra que para poder mantener a la sociedad sometida, esta se tiene que sentir cómoda y libre aunque sea mentira.


Están postrándonos desde abajo. Primeros los países empobrecidos de África y Sudamérica y los bloqueos a los países con modelos económicos y sociales alternativos. Después aquellos peor situados en sus rankings, seguidos de los de en medio y finalmente los más altos. Todos gobernados por sus tecnócratas, por un banco central mundial en manos de los que más tienen para su gusto y beneficio. Recordad lo que dijo Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

Nuestra indiferencia y recelo, bien cultivada y cuidada por las oligarquías, son nuestros grilletes. Han sometido nuestra humanidad y la han ocultado tras multitud de necesidades artificiales y creencias vacías. Solo el retorno a nuestras verdaderas necesidad y la comunión que es consustancial a nuestra naturaleza humana puede eliminar estas cadenas y redefinir el mundo. Han sido demonizado nuestra naturaleza, nos han dicho que somos animales agresivos y dominantes. Recordad, que lo primero que nos han enseñado es a trabajar en pupitres separados en la escuela, a competir en el trabajo, a envidiar las posesiones ajenas, a encerrarnos en clanes y a enfrentarnos entre nosotr@s. Y todo, porque quienes ejercen la opresión y la violencia, no hay cosa por la que sientan más miedo y desdén que por el amor real y poderoso que todo ser humano tiene hacia los demás y si mismo en el fondo de su ser.