martes, 29 de enero de 2013

Instrucciones para salvar al mundo en ocho pasos.


1º No considerar que hay unas instrucciones para salvar el mundo. Tener un criterio fijo sobre como deben ser las cosas y mantenerlo a toda costa es lo que da lugar a que estemos divididos y expuestos. Hay muchas maneras de intentar hacer del mundo un lugar mejor y muchas de ellas no tienen por que ser incompatibles. Si prefieres el veganismo y yo quiero seguir comiendo carne ¿porque nos vamos a enfrentar si queremos que los animales tengan una vida digna? La mayoría de las cruzadas personales que tenemos se deben más a la necesidad de garantizar nuestro punto de vista y ahorrarnos inseguridades que a su capacidad demostrada de ayudar.

2º Tomar conciencia de nosotr@s mism@s. Vivimos en un estado de atención silenciosa a las exigencias externas. Quién debemos ser, como nos debemos comportar, que nos debe gustar, que debemos estudiar, en que debemos trabajar, como debemos vestir, con quien tenemos que estar y un sinfín más de clausulas para ser una persona de bien. El resultado final es que somos un sujeto más de tantos, listo para obedecer las ordenes sutiles que nos dan desde la sociedad. Incluso la apariencia y comportamiento de "antisistemas" y "opositores" está predefinido por el discurso social. Así favorecer al status quo de la misma y nos volvemos infelices que deben aparentar ser felices, por lo que la causa de nuestros problemas siempre serán otras personas.

3º Empezar de forma activa una lucha interna contra las creencias que nos han obligado a tomar. Para que las cosas se mantengan y perduren es necesario que en la sociedad fomente una serie de formas de entender la vida. No tenerlas supondría que el control que ejercen sobre nosotr@s desapareciera. Temas como el cuidado personal, la sexualidad, las relaciones personales, las formas de ocio o la educación se encuentran mediatizados para que mantengamos un patrón. Lo malo es que estas formas de pensar y proceder son nocivas y desnaturalizadas, por lo que nuestro comportamiento nos hace sufrir sin darnos cuenta de que esta es la fuente del daño. Por lo común, estas creencias tienen su raíz más profunda en el miedo, la inseguridad, la desconfianza y la posesión, ya sea de personas o de bienes. Hay que combatir estas creencias y buscar el camino que realmente ayuda a cada cual a ser feliz dentro de una comunidad sana.

4º Poner de relevancia la necesidad del otr@ y de su cuidado. Las personas necesitan a las demás personas, ya sea por cuestiones afectivas, de cuidados, de integración de habilidades o para la obtención de recursos. Además de que una persona sola aprende mucho más lentamente que alguien que comparte su opinión y trabajo personal con el resto. Mientras más intima, profunda y honesta sea una relación mayor conocimiento de la otra persona y de uno mism@ se obtiene. Con esto, es de sentido común que dañar al otro, tener relaciones de desconfianza o de abuso, termina por repercutirnos negativamente de alguna manera.

5º Tomar conciencia de donde estamos y las consecuencias de nuestro consumo. Nuestros pensamientos y acciones tienen consecuencias. Puede que hayamos creído que nuestros actos no repercuten en el mundo, pero eso no es cierto. Aunque sea a pequeña escala, tenemos influencia en todo el planeta. Las compras son una de esas palancas de acción. En un sistema en el que el poder se mide en el dinero y en control de los recursos que las grandes empresas tienen, poder elegir que productos consumimos es muy importante. Muchas de estas empresas, (bancos, supermercados, farmacéuticas...) tienen negocios turbios a sus espaldas que se descubren solo investigando un poco. Al pagar por lo que nos ofrecen estamos premiando sus acciones y dándole beneficios por todo aquello que hayan hecho. Por ello es muy importante informarse para saber si estamos contribuyendo o no a hacer algún daño.

6º Agruparse para alcanzar metas comunes. Sin la complementación de puntos de vista, nuestras metas llegan a poco. Nos resulta necesario, por nuestras limitadas capacidades, escuchar lo que otros nos puedan aportar, además de que sobrecargarse con responsabilidades y actividades ni es bueno, ni eficaz, ni útil. Un trabajo bien repartido y planificado por un grupo de personas que saben compenetrarse lograrán más de lo que una sola y recelosa.

7º Participar en los problemas que tiene la comunidad. Todo grupo humano tiene problemas, ya sea por cuestiones de recursos, conflictos interpersonales, personas que requieren cuidados, etc. Fomentar el cuidado y la atención dentro de la comunidad creará redes de apoyo que beneficiarán a todos los participantes, ayudándolos en tiempos de adversidad, sea esta del tipo que sea.

8º Vincular y conectar las comunidades y los grupos de trabajo. La comunicación y el intercambio de las habilidades y recursos de unos y otros será suficiente para plantear las soluciones a cualquier problema que se planteen de una forma mucho más potente que la anterior. Estas conexiones serán además una vehículo para la voz de la ciudadanía y un organismo vivo que conocerá sus necesidades y sabrá plantearlas y luchar por su satisfacción.