miércoles, 28 de mayo de 2014

63. Sexualidad

De las cosas que existen
pocas son tan intimas y realizantes
como las de la esfera de la sexualidad.

Sin embargo
¿Hay alguna que permanezca
en mayor rechazo y confusión?
¿Alguna que haya sido tan tergiversada?
No hay término
que tenga mejor matrimonio
con abuso, suciedad y enfermedad.

Las palabras giran a su alrededor,
disminuyéndola al sexo y la penetración,
como delimitando una diana
a la que todo el mundo ha de aspirar,
un centro de lo correcto
que se difumina hacia lo incorrecto.

Exigencias inhumanas para vidas humanas,
criterios de desviación
que desvían de toda naturalidad.
¿Como vivir en armonía con tantos gritos?

Mirando a la pauta,
si es poco, es frigidez
si es mucho, es lujuria
si se es exigente, se es difícil
si se es flexible, se es fácil
si se habla, se es obseso
si se calla, se es inhibido.

Las imposiciones vuelan y arañan
para mantener una vía única
que ha nadie a encontrado satisfacción.
Insatisfacción que crea jueces
para perpetuar sus dictados.

¿Quién puede realizarse,
si enjaula al deseo?
¿Cómo amar,
si se suprime la atracción?
¿Qué entusiasmo queda,
si se suprime la pasión?
¿Cómo encontrar plenitud,
negando partes?

La sexualidad está
en el roce tierno,
el abrazo de la amistad
el fuego de los amantes
y el entusiasmo por un ideal.

¿Para qué negar,
el impulso de unión?
¿Porqué delimitarlo
solo como el coito?
¿Porqué evitar la consumación
del erotismo?

Porque,
el erotismo crea el contacto
el contacto crea la intimidad
la intimidad crea la afinidad
la afinidad la Unión.

Y en la Unión,
desaparecen arriba y abajo,
la jerarquía pierde sentido,
las partes trabajan en el Todo.

Si todo se vuelve natural,
las verjas no limitarían los campos
los limites nacerían y morirían por si mismos
y se mostrarían como sobrantes
todos los intentos de programar y constreñir.

Y responder ante su grandiosidad y libertad
ha sido siempre uno de los mayores miedos

de la especie humana.

martes, 13 de mayo de 2014

62, Violencia

El odio sigue siendo odio,
el deseo de daño
sigue siendo deseo de daño,
por noble que pueda parecer
la meta que se pretenda alcanzar.

Las grandes palabras
y las grandes causas
no pueden enmascarar
que quien es hostil
pretende su propia satisfacción.

¿Si tu camino busca el bien común,
como dañar a una de las partes?
¿Si quieres la paz en la Totalidad
como levantas tan fácilmente
el trueno de tu voz y la piedra de tu puño?
¿No será que la rabia y el miedo
se han puesto un disfraz de "Bien"?

No existe las metas superiores,
la perfecta categoría
ni nada parecido al "Bien".
¿Quien conoce historia alguna
de quien aferrándose a altos criterios
hayan traído un beneficio
innegable y atemporal?

Si las metas superiores fuesen reales,
el camino sería natural y nadie quedaría sin contento.
Si la perfecta categoría existiera,
nada quedaría sin exacta explicación.
Si el Bien fuese el contrario del Mal,
podríamos optar por el primero y nada se torcería.

Sin embargo, al obrar,
todo el mundo ensalza el valor de su objetivo,
se cierra sobre su constructo de la realidad,
clama por la magnificencia de su Bien
y convierte su visión en imposición,
cubriendo la tierra de conflictos y disputas.

¿No será,
que hacemos incontestable la meta
para no sentir desorientación,
que nos cerramos sobre conceptos
para no tambalear nuestros principios
y que distinguimos entre Bien y Mal
para anular como personas,
silenciando sus visiones y sentires,
a quienes consideramos en enemistad?

Entonces,
el foco de nuestra rabia no es el acto ajeno
si no el miedo a poder sufrir daño
y a que nuestras pautas sean incorrectas.

Por esto,
la sensatez recomienda
ante la diferencia,
aprendizaje y tolerancia,
ante el conflicto,
comprensión y colaboración,
ante el daño,
protección y restitución,
ante la confrontación,
prudencia y respeto
y en el uso de la fuerza,
delicadeza y mesura.

En una visión amplia,
difícilmente cabe
disfrutar con el sufrimiento ajeno
y tomar el camino de las armas
como el más razonable y productivo.

61, Búscar

El que busca ansiósamente
se abraza a fantasmas por contentarse
y tan firmemente cree en ellos
que los hace proliferar.

El ansia de seguridad
solo abre las puertas del miedo,
atar los nudos demasiado cortos
no deja cuerda que usar.

Querer encontrar en cada pájaro
un augurio confirmatorio
nos dará la razón
aunque las estrellas
brillen furiosamente en contra.

Por esto
¿es razonable querer confirmarse?
¿es prudente vaticinar sobre la nada?
¿es útil encorsetar las visiones?

Más vale no saber y amoldarse
que atrapado en constructos y conceptos

naufragar en el mar de las propias explicaciones.