martes, 21 de septiembre de 2010

Si la Esperanza estaba en la caja de Pandora, es porque también era una monstruo.

Siempre esperar es siempre estancarse y la esperanza es el falso demonio poético que nos hace creer que mirar el horizonte mientras sale y muere el Sol nos honra proporcionalmente a la cantidad de veces que contemplemos el ocaso. Creer que las cosas irán bien siempre es positivo si el ánimo se mantiene, pero quedarse estático cuando nuestro propio ser nos pide movimiento es traicionar nuestro crecimiento. Hay momentos en los que dejarse arrastrar y momentos en los que elegir entre varios cursos de agua, momentos en los que bucear en la corriente y otros en los que flotar en la superficie. Pero nunca ha de ser inercial, nunca elegido por otros. Si en nosotros está elegir el puerto no culpemos a los demás y a las circunstancias del lugar en el que nos encontramos. Si tienes una espina en el pie y lo mejor es arrancarla en lugar de dejar que se desprenda por si misma, hazlo, no sea que al final se te infecte la herida y se gangrene toda la pierna. La vida es dinamismo y cambio, un desordenado orden de cosas en las que nunca sabemos a ciencia cierta los desenlaces, solo nos queda en lo íntimo del corazón el conocimiento de lo que realmente necesitamos, pero son tantas capas semitransparentes que al final la imagen se distorsiona y nos confunde. Pero cava, cava más y más dentro, al fin al cabo tu pusiste las capas con nombre de miedo a ti, a ellos, a lo desconocido a lo que está por venir. Rómpelo y busca la libertad que deseas, traza la ruta de tu vida según tu brújula interna y no te preocupes, porque lo intimo de cada uno se vincula a lo intimo del otro y lo otro, así que en tu camino a nadie dañaras e iras liberando las almas de aquellos a los que hicieron atraparse a si mismos.


Me aburrí de querer encontrar un cuello del que agarrarme, de buscar mi fortaleza en la fortaleza de quien me abraza, de negar la potencia que soy en mi mismo. Reniego de la Esperanza de las cosas estancas, del quiero y no puedo porque no quiero poder, de los cielos siempre encapotados para que la lluvia sea mía Me opongo a la pereza de no amar a cada cual como realmente es, a la cólera por no poder encorsetar el mundo entre los edictos de mis reglas, a la prepotencia de la impaciencia por las pequeñas cosas. Me abandonaré a la tranquilidad de no saber nunca como será mañana, a la alegría de saber que lo malo y lo bueno rotan eternamente, a la verdad de que todo es una ilusa mentira. Creeré que las creencias son traicioneras y más me valen las ideas. Jugaré a ser una persona madura que finge ser jugetona. En definitiva, abrazaré el abrazo de quien me abrace y la repudia de quien me maltrate. Son buenas horas para dejar los jardines y pasear por las bóvedas del si mismo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario