viernes, 10 de diciembre de 2010

Sin más remedio

Podría escribir esto en versos, pero prefiero la naturalidad de lo que se escribe tal y como sale en este momento. Sé que nos han enseñado mal que casi nos han quitado la capacidad de amar, amar de verdad. Amar al cisne libre y observarlo con las manos en los bolsillos. Contemplar cada arruga de tu cara al sonreír por la ilusión que creíste perdida. Vivo en ti, porque soy tan tú como soy yo. Esa ráfaga de energía cuando ves que se descorren los velos de la noche y abrazas el Sol como si no lo hubieses visto antes. La inocencia cuando sientes que tu corazón se parte y no comprendes, pero eres tan valiente que te conviertes en un ser ingenuo para conocerte. La prisa con la que asumes el mundo para igual de rápido olvidarlo y dejar atrás las aguas que son pasadas. El tiempo para una persona son una eternidad o un chispazo depende del momento en el que se mire.

Amo tu amor, porque es tan mío como tuyo, porque inflamarse tu corazón es que se inflame el mío. Admiro tu rabia ante lo injusto, tu cabezonería por un bien superior aunque te dejas la cabeza en cada intento, porque tú lucha me hace noble. Tus palos de ciego aun teniendo la luz encendida por encontrar un camino que no se ve con los ojos. Tu resistencia cuando la mitad de tu corazón saluda desde una ciudad lejana. Eres lo que quieres ser aunque no te hayas dado cuenta aún, solo es cosa de que te mires con tus verdaderos ojos, te dejo los míos para que te veas. Quizás cuando te des cuenta de que tus defectos solo son instrucciones para mejorar, dejes de temerte como a tu peor enemigo.

Eres brillante, excelente, cada día te superas y a pesar de ellos incluso eres capaz de frústrate cuando no entiendes una frase en un libro y aunque sea ridículo que no te des cuenta de cuánto amor de ti te mereces, admiro esa capacidad para obviar la complacencia. Cada paso a tu lado me enseña de mí porque aprendo de ti y al fin y al cabo somos lo mismo. Tu dolor y tu alegría, tu cólera y tu calma me invaden y me elevan porque todo en ti nace de una fuente que busca su cauce natural. Y es que, Humanidad, puedes ser a veces el desastre natural más grande de Madre Tierra, pero no puedo evitar amarte a través de tus rostros que me son íntimos y cercanos. Y esos rostros son los que me hacen ser quien soy quien me hacen poderte amar y amarme como nos merecemos.

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