miércoles, 23 de marzo de 2011

32, 33, 34

32

Todas las cosas poseen un tiempo,

las formas son temporales,

las transformaciones son constantes

incluso bajo la ilusión de la estabilidad.


¿Que diferencia hay entre vida y muerte?

En ambos casos el universo continúa,

las mismas reglas se siguen aplicando,

se permanece en el cauce natural.


Es imposible de mantener la permanencia,

despreciable estancarse en la inmutabilidad,

agotadora la perspectiva de eternidad,

sobrecargante la excesiva proliferación.


¿No nos producimos, acaso,

perjuicio al rechazar lo que somos?

¿No es recomendable, acaso,

observar lo que es inevitable?


Todo viaje requiere de preparatoria,

todo transito requiere saber dar el paso,

estar listo para el momento

sabiendo mantenerse en la naturalidad,

libera del miedo y trae la paz

en el momento del retorno.



33

Todas las cosas están en un ciclo

y al relacionarse los elementos

se transforman sus procesos.


Cuando las transformaciones

están en la vía natural

se da la armonía

y el mundo se ordena por si mismo.


Si apartamos los tránsitos

de su vía natural

el mundo carecerá de concierto.


Abandonados los cauces naturales

los constructor arbitrarios

gobiernan la cohesión de las cosas

y los conflictos se darán por doquier.


De estas transformaciones naturales,

notable es la conversión a la muerte,

teniendo su propia ordenación.


Esta no surge de intención humana,

apareciendo por trastornos del organismo,

necesidad de alimentación

y defensa de la vida.


Aquel que altera el proceso de la vida

comete el mayor de los errores,

pues aparta a otro ser

de su propio cauce natural.


Tanto el asesinato de otro ser,

como la extensión de la vida

cuando esta ya debería tocar termino,

son desviaciones categoriales

y fuentes de desvarío y dolor.



34

Existencia es una palabra ambigua,

pues nada es en si mismo

y todo está en constante interacción.


Querer más de lo posible,

desear la constancia de aquello

que nos alegró,

produce más sufrimiento

que su propio fin.


¿Acaso habría malestar alguno,

si tomáramos con agradecimiento

y devolviéramos con generosidad?

¿No es por querer para siempre,

por lo que aparece el miedo a perderlo

y el ansia por recobrarlo?


Al igual que el resto de las cosas,

las personas vienen y van

aunque los motivos sean cambiantes.


Si el motivo de la partida

es tan incuestionable como la muerte,

de nada sirven lutos y llantos

para cambiar el nuevo estado,

más allá de la necesidad de desahogo.


La muerte no supone desaparición

y en las personas solo queda

el mismo efecto

que el de una insalvable distancia.


En nada borra el recuerdo,

en nada perturba lo vivido,

incapaz es de diluir los sentimientos

y las transformaciones

que propicio su influencia

permanecerán en el mundo

y las generaciones.


Por ello deberíamos respetar el recuerdo

ser justos en las valoraciones,

aprender de sus experiencias

y transmitir lo mejor de lo vivido.

domingo, 6 de marzo de 2011

31

Si hay algo de lo que te debes cuidar

es del éxito y del reconocimiento.

No se debe asimilar el propio gozo y bienestar

con lo que otros celebran,

cada cual tiene su camino.


Ser persona de provecho

es haber seguido durante toda la vida

el mapa de lo socialmente recomendado.

Si uno atiende a la orden social

¿como puede hallar su propio camino?


Es fácil ser engañado

cuando uno posee aquello que es de prestigio

y nos aplauden constantemente

aunque obremos de forma perniciosa.


Excusar la acción dañina

por estar respaldada por la conveniencia social,

rechazar la acción beneficiosa

por resultar extraña a la norma social,

es la base de nuestra desorientación.


¿Porque no cuestionar

y tomar las cosas según la raíz?

¿Porque inclinarse

ante unos honores inútiles?


Más vale cerrar los oídos

y mirar hacia dentro

que promulgar los edictos

de una fuente desconocida.

30

Ayudar a otro no es sacrificarse,

si uno se fustiga para recibir reconocimiento,

sus méritos dependerán del auditorio,

si uno muere por el otro

¿a quién más podrá ayudar?


Si uno se vierte exageradamente

y se da de lado a si mismo

para satisfacer las necesidades ajenas

¿no sería como si un ladrón

le robara a uno lo que le pertenece?


No está en el orden natural

entregar la vida por la satisfacción ajena,

del mismo modo que no lo está

ignorar la necesidad del otro

o disfrutar con el llanto de un niño.


No es raro, que tras nobles palabras

y grandes discursos,

esté la intención ciega de someter al resto

por voluntad de un bien superior

que realmente daña a la persona.


¿Que bien puede haber

en soportar un martirio por ser llamado “bueno"?

¿Que bienestar produce

vivir a cuentas de salvar al resto

sin cuidar de uno mismo?


Más vale cuidarse de los malestares

y dejar enderezarse lo que está torcido

que romperse las manos con un peso

que ni podemos ni debemos tomar.