sábado, 27 de diciembre de 2014

La mala costumbre de usar "amigo/a"

En ocasiones solemos usar las palabras sin atender muy bien a que queremos decir con ellas. Lo malo es que ésta definen, categorizan y crean expectativas. Si conozco a una persona e indistintamente uso amigo, colega, compañero, conocido, con frecuencia nos encontraremos con conflictos originados por esperar o que esperen algo que no se corresponde a lo que ocurre. Parece que por simpatía y comodidad social, usamos amigo para cualquier persona por la que sintamos cierto afecto. Parece que un par de cervezas, encuentros o conversaciones convierten la relación en "amistad". Obviamente, la atribución del termino dependerá de cada persona, pero lo más probable es que se produzcan malentendidos.

De una amistad esperamos atención mutua, intimidad, constancia, cariño y cuidados. Es fácilmente imaginable que poner esas expectativas en una persona a la que no se conoce lo suficiente va a provocar confusiones y malestares. De hecho, seguramente le hará sentirse presionada y alejarse. Sentir respeto, admiración o interés por alguien no crea una amistad. Por mucho que la persona nos fascine, la altura de nuestro afecto no la convierte en intima. Normalmente, incluso colocamos en la otra persona responsabilidades o "devoluciones de interés y afecto" que la persona ni si quiera sabe que queremos que asuma.

El uso indiscriminado de esta palabra acaba generando una profunda insatisfacción y sensación de soledad. Presuponiendo que estamos rodeados de amigos y amigas creemos que esa parcela está cubierta y satisfecha. Como realmente no trabajamos en ella, no se llegan a producir los actos de vinculación y apoyo que nos son tan necesarios y que subyacen a la amistad. De hecho, la verdadera amistad nos pone en fuga, ya que supone un esfuerzo por abrirse hacia otra persona y poner interés en conocerla y cuidarla. Flexibilizar nuestros hábitos, formas de ocio, costumbres y perspectivas nos produce una inseguridad que en muchas veces vence la prudencia y la tolerancia que se hace imprescindible en una amistad. Otras conductas periféricas de la conducta tradicional, como es el abandono de los círculos sociales cuando se encuentra pareja, supone otra dificultad añadida a la obtención y mantenimiento de amistades.


Todas las personas necesitan de la interacción social, ya que nuestra naturaleza gregaria y cultural lo pide a gritos. Fomentar las amistades desde el respeto al tipo de interés que tiene la otra persona en nosotros/as y enfocándonos de forma honesta a lo que queremos de ella, nos abrirá la vida a una relaciones interpersonales sanas y fructíferas.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Ascuas

Resentimiento,
floreciendo como la hiedra
que asfixia los sueños de sol de las fachadas.
Proliferando,
como las liendres en las cabezas de los niños.

Esta cuenta sale a pagar.
No hay calor
que hostigue a este termómetro,
al mercurio,
la temperatura lo dejó de excitar.

Las flores del descuido
sonríen entre las ruinas
a un sol que no marca la diferencia
al traer un nuevo día.

La pereza hizo trasnochar a los actores
y no se atendieron los guiones.
El silencio hace ruido
en una escena vacía
y hasta en las motas de polvo
se pretende ver el número
por el que se ha pagado cara entrada.

Este ring no tiene adversarios.
Esta espalda se ha enfriado de soledad.
Este patio prohíbe las pelotas,
este niño no tiene con quien jugar.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Desarrollo y retroceso

Las necesidades humanas son una cuestión bastante compleja. La linea divisoria entre éstas y los caprichos son a veces difusas y problemáticas. No por menos básico, el interés que tenga la persona es menos legitimo, pero seguramente, será notablemente menos fundamental para la propia existencia y definición. Clarificar esto no debería ser usado para reducir lo aceptable a un guión empobrecido, pero si para asentar unos mínimos de convivencia y desarrollo personal. Quedará en manos de cada sujeto determinar que significados atribuye, que intereses desarrolla y que modo de vida ejecuta.

Pese a que lo dicho pueda sonar a obviedad, no lo es tanto. Una falda es un elemento que se supone que en si mismo nada dice, pero verla en un hombre de lugar a multitud de comentarios, muchos de ellos nada considerados ni agradables. Solemos dar ciertas cosas por sentadas, principios supuestamente básicos y difundidos de una sociedad que son mantenidos y respetados. Libertad, apoyo, cooperación, respeto, tolerancia... Sin embargo, tanto nuestras relaciones intrapersonales, interpersonales y, por supuesto, estructurales (legales y políticas), están atiborradas de planteamientos y actitudes que socavan estos "principios inalienables". Nuestra cultura, como todas, tienen a perpetuarse a si misma, y en nuestro caso, nos encontramos con una sociedad tendente al garantismo, a la búsqueda de una de una desaforada búsqueda de seguridad. Lamentablemente, esta sobrefocalización, que sería perjudicial de todos modos, no se centra en esas bases, si no en la perpetuación y en la evitación del peligro. Nuestra sociedad, y por lo tanto, la mayoría de nuestras acciones como sujetos, no se enfocan hacia la promoción y la expansión de aquello que pueda haber de bueno, si no en el control y el castigo de cualquier cosa que se pueda suponer como mala o desestabilizadora del sistema y las relaciones.

Todo esto nos conduce a una polarización de absolutos, lo bueno y lo malo. Desde luego, la creación de reglas, incluso las más duras y dracónicas, han ejercido un papel fundamental en la supervivencia de nuestra especie. Quizás no hayan sido las mejores o las explicaciones que se les han dado al porqué de su existencia no sean las más literales. No es necesario entrar en una discusión sobre la pertinencia ética de las perspectivas del pasado, ya que la posición desde la que dictáramos nuestro juicio está totalmente fuera del contexto en el que surgieron. Dando un paso más allá, se podría afirmar que es perder el norte, ya que el presente tiene bastante cosas que resolver y corregir como para enmendar los libros de historia. En lo que nos rodea encontramos suficientes situaciones de abuso, desconcierto e incoherencias. Aunque la mayoría de estas circunstancias proceden del pasado, la solución no está en sentenciarlo, si no en conocerlo para saber que procesos están participando del presente y así corregirlos desde su raíz.

Tenemos una idea bastante concreta de que hay que hacer para traer el "bien" al mundo. Todos estas acciones se articulan sobre tres ejes: acumulación, gozo y seguridad. Participamos como sociedad en una visión del mundo como una máquina que avanza irrefrenable hacia una mejora constante, que soluciona y solucionará todos los problemas de la humanidad y el sujeto. Por suerte o por desgracia, esto no es cierto para nada. Las técnicas, la tecnología y el conocimiento es cierto que se expanden increíblemente, apilando y recombinando los avances anteriores, creando una posibilidades inimaginables para la mayoría hace diez años. Pero aquí comienza a flaquear la idea de progreso. No todo el mundo accede por igual (incluso ni si quiera accede) a estas mejoras cotidianas. Si esto no ocurre, es decir, que no toda la humanidad accede a los avances de la humanidad ¿qué está ocurriendo? ¿como el ser humano no se beneficia del avance humano? Dos respuestas se antojan como posibles y complementarias.

Por un lado, nuestra forma de abordar la realidad desde criterios cerrados y estancos, siempre agrupados en las columnas de "bien/mal", "correcto/incorrecto", nos separa continuamente de la experiencia, el aprendizaje y la sensación de unión a lo que nos es notablemente semejante. No es que no existan comportamientos realmente reprobables y otros celebrables, si no que hemos intentado colocarlos todos bajo uno de estos estandartes. Con este proceder, sin tener conciencia de ello en muchas ocasiones, clasificamos, ya no a las conductas (pues se suele considerar comportamiento y persona la misma cosa, otro error común), si no a las personas. Con esto, terminamos creando jerarquías de individuos o colectivos más o menos correctos/incorrectos y buenos/malos, con lo cual, al oponerlos al "Bien" y a nosotros/as mismos/as, le vamos arrebatando humanidad, dignidad y derechos. Si algo está demasiado lejos o no comparte nuestra buena cualidad humana, en el mejor de los casos, lo hacemos desaparecer y en el peor, intentamos destruirlo.

Por otro, esa linea de desarrollo, ni es la única, ni todas se someten a ellas. Podríamos considerar tres vertientes; filogenética, ontogenética y social. La primera, es la evolutiva, la transformación de los organismos a lo largo de las eras, dándole las formas y funciones que conocemos en la actualidad. La tercera, es la que hemos estado comentando más arriba. El conjunto de perspectivas, herramientas, técnicas, conocimientos y formas relacionales que un grupo humano ha desarrollado a través del contacto con el medio y otros grupos. La sociedad, la cultura, es una construcción que pretende ajustarnos al entorno. Cuando las amenazas del entorno son superadas, se desarrollan apartados relacionados con el ocio y todo lo que ello conlleva. Multitud de sociedades y culturas han aparecido, desaparecido y se han mezclado a lo largo de nuestra existencia como especie. Desgraciadamente, por la propia tendencia humana a la reconfirmación y perpetuación ha hecho que abordemos amenazas no letales como si lo fueran.

Por lo expuesto en el párrafo anterior, la vertiente ontogenética, la que habla de la historia personal y el aprendizaje, es la más olvidada. Habitando dentro de una cultura garantista fundamentada en la acumulación, el gozo y la seguridad como fundamentos vitales, ya estamos preorientados a ciertos tipos de vidas. Evitar el dolor, la pérdida, el fracaso, los errores, el miedo, la tristeza y cualquier otra situación o emoción afín, negamos más de la mitad de nuestro campo experiencial. Que los dictados culturales nos obliguen a orientarnos al reconocimiento social permanente, la adquisición de poder, atributos físicos y comportamentales concretos, pertenencia a colectivos aceptados socialmente y participar de contextos designados como deseables, hacen el resto del juego. Expresado de otra manera: "Esto es lo único que merece la pena que consigas, perderlo te restará legitimidad y debes hacerlo sin caer en ninguna de estas cosas, porque eso te haría perder legitimidad también". Se hace muy difícil con estos planteamientos cualquier otro enfoque.

Aunque evolutivamente tenemos unas herramientas extraordinarias y únicas (como otras especies animales y vegetales) y a través de las construcciones sociales nos hayamos adaptados a cualquier medio físico, parece que no nos hemos ajustado para nada el hecho de vivir. La creencia ferrea de que más es más nos está destrozando, al querer mejores casas, mejores moviles, mejores cuerpos, mejores parejas... Puede sonar escandaloso que se critique algo por querer hacerlo "mejor", pero la cuestión está en que se considera que algo lo es y porqué. Hay que recordar todo ese bagaje cultural, esas imposiciones sobre lo correcto, que realmente nos perjudican, preocupan y desorientan. Esto nos devuelve al principio de este texto. Hemos asimilado como necesidades de vida o muerte cosas que muchas veces ni si quiera nos importarían de base. Ideas tan clásicas como que si estás interesado por algo o alguien, el sufrimiento que sientas revelará en que grado realmente te importa. Lo curioso, es que esta forma de afrontar las cosas a través de la preocupación ha demostrado ser inútil para conseguir lo que queremos, y que en muchas ocasiones, hasta nos dirige a la dirección opuesta. Y con esto, nos ocurre con multitud de cosas.

La paradoja en esto, es que, pese a que tenemos todos los recursos nombrados, se nos ha olvidado que la experiencia de cada sujeto es única y que se inicia al nacer. Parece que presuponemos, que al avanzar la tecnología y la perspectiva de la sociedad, se crea un punto de inicio superior a otras etapas en la que las personas nacen con cualidades mejores a las que vinieron antes que las anteriores. Aunque ahora usemos ideas como tolerancia, respeto, integración, etc, son términos vacíos si no se abordan desde una experiencia propia y genuina. Todo desarrollo en cualquier ámbito queda estéril en gran medida si no se integra la dignidad y el aprendizaje del individuo en el. Nuestra constitución genética, más que probablemente, será exactamente igual que la de cualquier persona del medievo, por lo que nacer en esta época no nos hace emplear realmente todas las herramientas de las que disponemos. La cuestión está, en que, enfocados en el gozo, la seguridad y acumular, atendemos permanentemente a anclas externas que nos debilitan y hacen vulnerables a cualquier mínima cosa que socave la consecución de esos principios.

Hemos invertido un esfuerzo notable en el aparataje técnico, pero hemos ido abandonando cada vez más la atención a las ramas humanísticas y nuestras verdaderas e íntimas necesidades naturales ¿De que nos sirve "someter" la naturaleza (triste e imposible intención esta), conocer la composición de las estrellas o el funcionamiento exacto de cada neurona del cerebro si somos incapaces de llevar una vida que realmente nos resulte satisfactoria?

viernes, 21 de noviembre de 2014

La supervivencia del símbolo

 Nuestra vida se ha convertido en un auténtico acto de supervivencia, aunque hay pocas cosas que amenacen realmente nuestra integridad. Ésta se va construyendo como si nos preparáramos contra un asedio. Algo de turbiedad en las aguas y creemos que las han envenenado. Un transeúnte pasa frente a nuestras murallas y queremos o convertirlo en el aliado más fiel o prevenirnos de que sea nuestro peor enemigo. Hemos convertido nuestra propia vida en un campo de entrenamiento de alto rendimiento para enfrentarnos al hecho de vivir. Todo está encaminado a garantizar la comodidad, la conformidad ajena, la seguridad, el rendimiento y la fortaleza. Todo esto, soñando con el día en el que nada supondrá ni un pequeño desafío, que nada nos sacará de nuestro círculo de confort.

Este camino es traicionero, porque aleja a la persona de su propia realización y siempre exige más y más. Las pautas sobre comodidad, la conformidad ajena, la seguridad, el rendimiento y la fortaleza las extraemos del aprendizaje social. Las guías siempre pueden ser útiles, pero hay que mirar detenidamente sus efectos, origen e incluso intencionalidad. Si ojeamos ligeramente la utilidad última de estas pautas, lo que pretenden es la estandarización de todas las esferas de la vida humana en una norma sencilla y común. Esto, normalmente se asocia, incluso, con cosas tan concretas como el poder, el consumo y la riqueza. Mucho de lo que se nos pide viene promovido por grupos a los que le conviene que creamos que las cosas son y deben ser de cierta manera, ya que extraen alguna posición de control sobre el resto.

Pese a esto, el miedo es un sentimiento totalmente natural y justamente esa es la clave. Nuestra supervivencia como especie ha estado condicionada a huir de las amenazas que podían perjudicar y destruir nuestro cuerpo. El estado de alerta nos ha ofrecido la oportunidad de llegar de un estadio partiendo de uno en el que nuestros pensamientos apenas tenían símbolos, al actual, a otro en el que nuestra vida es indiscutiblemente simbólica. Y esta es la cuestión, un significado, un pensamiento, no te mata a menos que sea tu propia voluntad quien haga manifiesto el peligro. Hemos perpetuado la vivencia de la amenaza de la aniquilación, pero la inmensa mayoría de personas en nuestra sociedad no tiene nada que vaya a destruirles. Hemos trasladado el miedo a la muerte del cuerpo, a la muerte de la identidad y a la perdida de la seguridad y el control.

Poseemos medios para mantener la salud, para acercarnos a nuestros intereses y suficientes personas como para encontrar aquellas que realmente nos resulten beneficiosas. Pese a esto, nuestro enfoque no se orienta a "que puedo hacer hoy para realmente ser y hacer lo que realmente aprecio", si no a "que puedo hacer hoy para no perder nada de lo que tengo". Un autosecuestro que induce obligatóriamente a un estado paranoico en el que se perciben peligros en todos los lugares. Si la prioridad es la defensa, lo importante es que lo que sea, perdure, se mantenga y no sea cuestionado. Si esta es de las primeras prioridades de la lista, cuestiones como conocerse, conocer a los/as demás y fomentar lo que nos realiza, queda en un segundo plano. La consecuencia de esto se hace notar rápidamente. Todo, absolutamente todo, se convierte en algo peligroso, por lo que se empiezan a evitar pensamientos, emociones, interacciones, situaciones y personas, solo por el hecho de que puedan ser algo que nos desestabilice lo más mínimo. La evitación es un mecanismo totalmente necesario, pero del mismo modo que es poco útil tomar sopa con un tenedor, huir ante lo que no es necesario, es improductivo y dañino.

La vida sucede por si misma y es total e irremediablemente incontrolable. Podemos crear compartimentos estancos, podemos negar participar de todo lo que queramos, podemos intentar controlar al resto... y mientras nos esforzamos en mantener "el correcto orden de las cosas", trazamos un relato de vida de frustración, sobreesfuerzo, enfrentamientos, enemistades, arrepentimiento, melancolía y angustia. La vida, seguirá sucediendo por si misma, pero desde un acto de no-vida, como desde la muerte, mirarla por un agujero, con miedo a lo que pueda aparecer. Nuestra experiencia se vuelve estanca, inflexible, irritante y sin sentido, porque el único sentido que parece interesarnos es el estatismo. Aunque la muerte se pueda representar por lo rígido, esta rigidez es justamente la que quiebra para que las partes formen de nuevo parte de la vida.


Hemos olvidado la literalidad de vivir a cambio de la supervivencia de símbolos que no son nuestros y que nos perjudican Mientras que el cuerpo solo admite una muerte, la identidad puede soportar todas las que sean necesarias. La transformación está en todo y nada se queda desconectado y perdido del resto del Universo. Quizás sea conveniente morir un poco cada día, para a la mañana siguiente renacer. Quemar los desechos, aunque el calor del fuego nos abrume y duela, y cultivar las enredaderas que nos hacen abrazar la experiencia. Solo tenemos la absoluta certeza de que esta vida la viviremos solo una vez, pero elegir como, está exclusivamente en nuestras propias manos.


lunes, 18 de agosto de 2014

Miedo

Cuéntame cuentos sobre pecados
y transgresiones censuradas,
háblame del arraigado Miedo,
su profunda y eterna raíz amarga.

Dime como envenena,
como habla de la corrección y el Bien,
de la virtud y la santa enseñanza.
Sobre como inventó el error
y la premonición de la desgracia presagiada.

Acerca de como secó las fuentes de la transformación
con su virulenta y silenciosa llama,
y aún rogó por su hambre
de pálida y agusanada autoconfianza.

Revélame el misterio
de su homicida necesidad de revancha,
de como estranguló a la sensatez
y con sus restos le dio de comer a la venganza.

¿Cuando vomitó sobre el Deseo
las cadenas de la Virtud y la Gracia?
¿Sigue hostigando al agradecimiento
en las cavernas del resentimiento y el ansia?

¿Por qué abandonamos nuestras cavernas de plata,
para llagarnos por el fuego del sol
diciendo que las sombras nos aterrorizaban?
¿Por qué hemos elegido el daño cierto,

para huir de inciertas amenazas?

miércoles, 28 de mayo de 2014

63. Sexualidad

De las cosas que existen
pocas son tan intimas y realizantes
como las de la esfera de la sexualidad.

Sin embargo
¿Hay alguna que permanezca
en mayor rechazo y confusión?
¿Alguna que haya sido tan tergiversada?
No hay término
que tenga mejor matrimonio
con abuso, suciedad y enfermedad.

Las palabras giran a su alrededor,
disminuyéndola al sexo y la penetración,
como delimitando una diana
a la que todo el mundo ha de aspirar,
un centro de lo correcto
que se difumina hacia lo incorrecto.

Exigencias inhumanas para vidas humanas,
criterios de desviación
que desvían de toda naturalidad.
¿Como vivir en armonía con tantos gritos?

Mirando a la pauta,
si es poco, es frigidez
si es mucho, es lujuria
si se es exigente, se es difícil
si se es flexible, se es fácil
si se habla, se es obseso
si se calla, se es inhibido.

Las imposiciones vuelan y arañan
para mantener una vía única
que ha nadie a encontrado satisfacción.
Insatisfacción que crea jueces
para perpetuar sus dictados.

¿Quién puede realizarse,
si enjaula al deseo?
¿Cómo amar,
si se suprime la atracción?
¿Qué entusiasmo queda,
si se suprime la pasión?
¿Cómo encontrar plenitud,
negando partes?

La sexualidad está
en el roce tierno,
el abrazo de la amistad
el fuego de los amantes
y el entusiasmo por un ideal.

¿Para qué negar,
el impulso de unión?
¿Porqué delimitarlo
solo como el coito?
¿Porqué evitar la consumación
del erotismo?

Porque,
el erotismo crea el contacto
el contacto crea la intimidad
la intimidad crea la afinidad
la afinidad la Unión.

Y en la Unión,
desaparecen arriba y abajo,
la jerarquía pierde sentido,
las partes trabajan en el Todo.

Si todo se vuelve natural,
las verjas no limitarían los campos
los limites nacerían y morirían por si mismos
y se mostrarían como sobrantes
todos los intentos de programar y constreñir.

Y responder ante su grandiosidad y libertad
ha sido siempre uno de los mayores miedos

de la especie humana.

martes, 13 de mayo de 2014

62, Violencia

El odio sigue siendo odio,
el deseo de daño
sigue siendo deseo de daño,
por noble que pueda parecer
la meta que se pretenda alcanzar.

Las grandes palabras
y las grandes causas
no pueden enmascarar
que quien es hostil
pretende su propia satisfacción.

¿Si tu camino busca el bien común,
como dañar a una de las partes?
¿Si quieres la paz en la Totalidad
como levantas tan fácilmente
el trueno de tu voz y la piedra de tu puño?
¿No será que la rabia y el miedo
se han puesto un disfraz de "Bien"?

No existe las metas superiores,
la perfecta categoría
ni nada parecido al "Bien".
¿Quien conoce historia alguna
de quien aferrándose a altos criterios
hayan traído un beneficio
innegable y atemporal?

Si las metas superiores fuesen reales,
el camino sería natural y nadie quedaría sin contento.
Si la perfecta categoría existiera,
nada quedaría sin exacta explicación.
Si el Bien fuese el contrario del Mal,
podríamos optar por el primero y nada se torcería.

Sin embargo, al obrar,
todo el mundo ensalza el valor de su objetivo,
se cierra sobre su constructo de la realidad,
clama por la magnificencia de su Bien
y convierte su visión en imposición,
cubriendo la tierra de conflictos y disputas.

¿No será,
que hacemos incontestable la meta
para no sentir desorientación,
que nos cerramos sobre conceptos
para no tambalear nuestros principios
y que distinguimos entre Bien y Mal
para anular como personas,
silenciando sus visiones y sentires,
a quienes consideramos en enemistad?

Entonces,
el foco de nuestra rabia no es el acto ajeno
si no el miedo a poder sufrir daño
y a que nuestras pautas sean incorrectas.

Por esto,
la sensatez recomienda
ante la diferencia,
aprendizaje y tolerancia,
ante el conflicto,
comprensión y colaboración,
ante el daño,
protección y restitución,
ante la confrontación,
prudencia y respeto
y en el uso de la fuerza,
delicadeza y mesura.

En una visión amplia,
difícilmente cabe
disfrutar con el sufrimiento ajeno
y tomar el camino de las armas
como el más razonable y productivo.

61, Búscar

El que busca ansiósamente
se abraza a fantasmas por contentarse
y tan firmemente cree en ellos
que los hace proliferar.

El ansia de seguridad
solo abre las puertas del miedo,
atar los nudos demasiado cortos
no deja cuerda que usar.

Querer encontrar en cada pájaro
un augurio confirmatorio
nos dará la razón
aunque las estrellas
brillen furiosamente en contra.

Por esto
¿es razonable querer confirmarse?
¿es prudente vaticinar sobre la nada?
¿es útil encorsetar las visiones?

Más vale no saber y amoldarse
que atrapado en constructos y conceptos

naufragar en el mar de las propias explicaciones.

viernes, 11 de abril de 2014

Sueños de cristal

Sus sueños eran de cristal
quimeras silenciosas, esperanzas a hurtadillas en el desván
frágil contradicción pero colosal como un titán.

Arañan su calma,
revuelven sus sábanas en las noches de caza
la tela que arropa es el horca que ahoga y mata.
No hay más presa
que el mismo cazador que nunca llegó a empuñar su lanza.

Que triste el amor de las promesas vanas,
y que perezoso el ánimo que lo acompaña.
No quieres ver más tu alma mastica
pero saltas con desesperación a las fauces afiladas.

Un cauce de soledad, un ancla abandonada
el vacío de brazos y labios que dejan yerma tu arpa,
un huracán sin aire
que remueve sin mover los rincones de tu casa.

Por cada esquina de tu vida
resuenan ecos de miserias ya pasadas
justificaciones de autocondena,
sentencias de bilis y sangre enmarañadas.

Grilletes de éter tus pies y manos atan
el miedo es el cordel de toda tu rabia.
Invisible y susurrante eco en las mañanas
sombra extendida cuando las luces callan.

Te has alejado de tu reino de luna y plata,
has sembrado en ti un erial de tiniebla,
construiste un laberinto de bestias y trampas.

Mucho tiempo has perdido,
has derrochado dolor con extravagancia.
Enciende las luces, corta la maraña
derrumba los muros y toma la lanza.

En ti y solo en ti están el poderío y la gracia,
el caudal infinito que al mundo ilumina y sana.
Abre tus puertas que rebelan tu reino secreto

de la Ciudad Divina e Inviolada.