jueves, 28 de enero de 2010

5

¿Cuando ves a los pajaros deseas sus alas?
¿Cuando ves a los peces deseas sus branquias?
Si no puedes tener ni lo uno ni lo otro
¿que útilidad tiene desesperar por poseerlo?
¿No es mejor usar las piernas
y hacer el camino de la tierra?

Querer ser lo que uno no es
y desear lo que uno no puede tener
son fuentes de profunda tristeza.
Extiende tus potenciales,
contentate con lo que tienes cerca
y haz cuanto tus recursos te permitan.

Olvida lo que no puedes resolver
y acogete a lo que puedas hacer.

3 y 4

3
Ver dificultad y facilidad es principio del desastre,
ver la facilidad invita a descuidar los detalles,
ver la dificultad obliga a sobrevalorar los detalles,
Si resulta fácil, tu atención se desviará de la práctica
si resulta difícil, tu tensión te desviará de la práctica.

Por eso, mima la tarea dandole a los detalles el valor justo,
completala sin alarma pero sin pasividad
y estará preparada antes de que expiren los plazos.


4
¿Qué es caminar con prisas
sino lanzarse al tropiezo y agotar el aliento?
Apresurarse es distraerse del camino,
distraerse del camino es perderse.
Quien se pierde se expone al peligro.
¿Quien se expone al peligro y le falta el aliento,
que posibilidades tiene de salvarse?

viernes, 22 de enero de 2010

En efecto, los del CADUS somos de una secta de alienígenas

Es llamativo como el personal llega a conclusiones tan aventuradas como que los estudiantes que estamos en el CADUS somos infiltrados de la Junta de Andalucía que hacemos una segunda carrera para permanecer en el poder y lograr que las intenciones de la Junta, que por lo visto son introducir Bolonia y hacer prevalecer el artículo 27, se hagan realidad.

Que la peña se trague el cuento de que el artículo 20 dice que la gente puede copiar, todavía se puede entender como una opinión inducida por los medios (aunque si uno se lee la normativa, se da cuenta ipso facto de que es una mentira como el caballo de Troya), pero esto ya se merece el cum laude de la creatividad y la originalidad.

Tras permaneces en una reunión de cuatro horas, tensas como las venas del cuello de María Patiño, intentando aclararnos sobre como resolver esta situación crítica y hoy haber pasado dos horas intentando hacer una redacción alternativa en la que sea imposible tergiversar los contenidos y que además pula la anterior, teniendo en cuentas las horas invertidas en la delegación del propio centro y que estamos en exámenes, esto es lo que más agrada oír. Seguro.

En este momento trabajamos y representamos a personas que nos odian encarnizadamente, que nos acusan y calumnian, que nos hablan de desvergüenza y que se indignan sonoramente sin conocer ni remotamente aquello por lo que nos critican, pero dice el Tao que:

"El sabio ama al hombre bueno,
y, de igual manera, al que no lo es."

Hoy será la repulsa, mañana la ira y el insulto, pero pasado mañana los vientos soplaran en otra dirección y olvidaran lo que han dicho y la manipulación a la que han sido sometidos. Se olvidaran de las acusaciones vertidas, aunque a nosotros nos hayan socavado las ganas, la paciencia y, en algunas casos, incluso la autoestima.

Aunque nos esforcemos por reformar leyes que nos perjudican, como hemos hecho con el 27 y otras tantas, la masa siempre permanecerá disgustada y descontenta y todo les parecerá poco, aunque no sepan lo que se hace o se deja de hacer.

Ahora bien, podrán crear mil eventos insultándonos, los medios podrán decir mil mentiras, los políticos podrán meterse en terreno que no manejan y los universitarios podrán odiarnos todo lo que quieran, pero algo me queda claro, hay una linea divisoria entre el que se deja arrastrar por la corriente y quién se atiene a sus responsabilidades como persona y, concretamente, como universitario. Yo he elegido mis principios, y con ellos siempre conmigo, seguiré sirviendo a los que me insultan y menosprecian con la mejor de mis sonrisas.

miércoles, 20 de enero de 2010

Sobre la tolerancia (de un trabajo pa la facultad)

Este trabajo se inició siendo un estudio de las creencias previas sobre democracia en adolescentes. No obstante, una vez iniciado, nos percatamos de que este área resultaba demasiado vasta para un solo trabajo. Aunque en la RAE se define de forma sencilla, "doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno", la democracia bien entendida tiene a su alrededor una serie de conceptos complementarios y de requisitos para su cumplimentación. Habitualmente, al buscar el significado de este termino en la opinión de las personas de a pie, nos encontramos con otro término, el de libertad. Libertad para obrar según uno lo crea conveniente y a expresarse como y cuando uno lo desee. Aunque la relación entre uno y otro es indisoluble, también es cierto que lo más frecuente es que esta capacidad para actuar según dicte la propia voluntad se ande confundiendo con una suerte de libertinaje caprichista y discursos poco fundamentados a la par que ofensivos. Así, el sistema evoluciona a un "todo vale" egoísta que olvida cuales son los auténticos fundamentos del aparato democrático. En si misma, la democracia viene a ser la creencia y práctica acerca de la buena capacidad de las personas para autogestionarse desde el respeto al otro y, en función de esto, elegir quien lo representa. Por lo tanto, la opinión general dista en demasía de comprender lo que define, y en multitud de ocasiones esgrime como defensa, actuando, en consecuencia, de un modo que vulnera los principios que deberían ser supuestos en los actos de todos. La reflexión sobre esta temática resulta extensa y muy complicada, lo que nos obligó finalmente a redirigir nuestras intenciones y fuerzas hacia un concepto más sencillo pero que a la misma vez no dejaba de ser complejo. Nuestra elección final fue el ámbito de la tolerancia, que además podía dar generosos frutos al estar enfocada una parte del trabajo en realizar una intervención.

Se puede afirmar que la tolerancia es el aspecto de la vida democrática que se encuentra más menospreciado y malusado. Es triste que se emplee más en el sentido negativo abstracto y acusador hacia las personas que verla amparada por un conjunto de normas sociales y políticas que garanticen su mantenimiento, cuidado y desarrollo. Cuidar la tolerancia es cuidar la calidad de vida de las personas en el día a día, tanto en sentido vertical como horizontal, tanto entre vecinos como entre residentes y extranjeros. En si misma contempla la libertad tanto propia como ajena, pero de una forma activa y enriquecedora, siendo el pilar nuclear para la convivencia en cualquier lugar, circunstancia y momento. Tras consultar una bibliografía amplia se puede llegar a la conclusión de que existen tres tipos de tolerancia, dos de las cuales son malversaciones del principio que pretendemos estudiar y fomentar. En primer lugar está la "tolerancia retributiva" que es aquella que se practica con la voluntad de recibir atenciones, premios y honores. En segundo lugar la "tolerancia pasiva" que es aquella que soporta porque no tiene más remedio, que traza una linea entre el yo y el otro que ha de ser respetada para evitar el conflicto. Finalmente llegamos a la tolerancia en sí. Esta es una actitud, una forma de vivir y de pensar. Más que una simple etiqueta para designar acciones, es una filosofía de vida como se puede ver si se estudia en profundidad.

La tolerancia parte de la base de que todas las personas en si mismas poseen la misma calidad y que en el sentido jurídico y político han de ser amparadas por leyes que garanticen su protección, participación y necesidades, poniéndola en igualdad de condiciones que el resto de sujetos. La realización de este principio es activo, ya que no se satisface mediante la vecindad, sino a través de la implicación. Por esto mismo, la tolerancia precisa de un profundo sentido crítico que cuestione (en el sentido consultivo e informativo) la propia forma de vida y acciones de uno mismo y la del otro. Es decir, buscar la comprensión a través del dialogo y la participación, por lo que posee carácter enriquecedor, ya que amplía las fronteras que impone una visión etnocentrista de la realidad. Se desprende de esto que la tolerancia no guarda relación alguna con el laisse-faire, como muchos de sus detractores (normalmente encubiertos) pretenden dar a entender. Cualquier acto que contravenga la dignidad humana, coincidente con lo recogido en la carta de las Naciones Unidas acerca de los Derechos Humanos, es contraria a la tolerancia cuya base es el bienestar del sujeto.

Planteándolo con otras palabras e intentando resumir lo dicho, se podría decir que la tolerancia es aquella forma de vivir la vida en la que se busca la convivencia a partir del reconocimiento de la dignidad equivalente entre todas las personas, su protección y el respeto a la diversidad existente.

Difícilmente se puede decir que la tolerancia no sea un valor óptimo que transmitir al conjunto de la sociedad, y en todo caso, sería interesante escuchar a las voces que lo niegan. Aún así, el inmovilismo ideológico, natural del miedo que tiene el ser humano al cambio, plantea serias vicisitudes. Los prejuicios y, en especial, las manifestaciones radicalizadas de la visión endogrupo-exogrupo se plantean en la base de este problema. De ahí que consideremos fundamental llevar a cabo intervenciones en la población que derriben estos muros, conduciendo a los implicados hacia una nueva percepción conciliadora y de encuentro, tanto interpersonal como intercultural. Aunque lo más beneficioso es que se aplicase a todos los grupos de edad, por sus propias características y efectos posteriores, es recomendable que se empiece por los más jóvenes. Las herramientas a emplear pueden ser de muy variado tipo, tanto de probada eficacia como ingeniada por los interventores, pero ante todo, lo más importante es que en si mismas emulen el proceso de la tolerancia, es decir, que fomenten la participación, elaboración y sentido crítico de los sujetos.

martes, 12 de enero de 2010

2

Si no miras las cosas como lo que son
y esperas que sean otra,
estas huyendo de lo que es realmente
por lo que esperas que sea,
Huir de la realidad misma,
para hacer especial los momentos.
Hacer especial los momentos
es convertilo en algo distinto de lo que son.
Hacer las cosas algo distinto de lo que son
es rechazarlas.
Rechazar las cosas es desconocerlas.
Desconocerlas es no ver lo que
de maravilloso tienen por si mismas.

Psicólogos, violencia y centros escolares

Los centros escolares son la base de nuestra sociedad, el lugar donde los sujetos aprenden las normas y estilos que de forma casi inmediata han de poner en práctica. Hay que tener cuidado en este primer punto, ya que da da fácilmente al equivoco. Al decir que en la escuela se obtienen los recursos y formas para la vida del ciudadano, podríamos inferir que en esta se enseñan los valores más altos de nuestro acerbo cultural, tales como la justicia, el buen trato, la tolerancia, la entrega a la tarea, la empatía y otros términos del civismo y la Humanidad. Pese a que esto sería lo más deseable y en los planes de estudio (o en los perfiles de egreso de las Universidades, que no son sino uno de los últimos escalafones de la educación) se valoren y se haga hincapié en su transmisión al alumnado, la realidad es bien distinta. En la práctica, la escasa formación del profesorado, las complicaciones surgidas de los procesos burocráticos y los tanto frecuentes como nocivos cambios en los guiones generales sobre educación, llevan a un profundo desconcierto y desánimo en la comunidad educativa. Como trasfondo encontramos las complicaciones que surgen de ciertos hábitos y circunstancias, como el nivel socioeconómico y cultural en el que se pueda emplazar un grupo escolar concreto.

Con este panorama, difícil, pero no impracticable, debemos plantearnos una nueva reestructuración sobre los modelos y prácticas educativas en el que los diversos niveles de la comunidad se armonicen, estableciendo un foro participativo en el que cada parte sepa cual es su función y como desempeñarla de un modo sencillo, armónico, productivo y realizador. Debido a que por falta de habilidades y conocimientos no puedo realizar una valoración completa de toda la estructura implicada, será mas útil centrarnos en la cuestión de la complementariedad entre la función del psicólogo y la del profesor. En primer lugar, el profesorado actual es un sujeto supuestamente diestro en el manejo de un área de conocimientos más o menos concretos (como ocurre con el psicólogo y sus habilidades), pero en su formación no se ofrecen unas herramientas capaces de satisfacer la adquisición y elaboración de conocimiento por parte del alumnado. Se podría decir que su capacidad se establece en el que transmitir, pero no en el como hacerlo. Con el psicólogo ocurre justamente lo contrario, careciendo de los conocimientos a transmitir, conoce las vías y procedimientos con los que lograr un aprendizaje efectivo y satisfactorio. Los beneficios de la mutua colaboración ni siquiera necesitan ser explicados, no obstante, sería más razonable abogar por la aportación de la psicología en pasos previos, dando lugar a una formación integral del profesorado.
En segundo lugar, las artes de la mediación resultan altamente complejas y resulta del todo necesario contar con especialistas cualificados en los diversos organismos y comunidades. En la cuestión que nos atañe, la figura del mediador y consejero que puede y debe aportar un profesional de la psicología es fundamental y ningún otro especialista se encuentra preparado para cumplir con esta labor. Siendo la psicología la ciencia encargada del estudio integral del funcionamiento del ser humano, encontramos en sus ramas social y educativas las bases en las que sustentar la formación de un experto en las técnicas de coordinación, mediación y apoyo en circunstancias de conflicto y tensión. Tal y como ocurre en el ámbito psicoterapeútico, el psicólogo es entrenado en el desprendimiento de uno mismo, pero sin abandonar la genuinidad, de forma que se puede convertir en un juez o coordinador imparcial, que comprenda y auxilie a las partes implicadas sin que ninguna sienta incomodidad ni agravio comparativo alguno.

Aunque se han ensalzado las habilidades hipotéticas y que deberían ser del profesorado y de los profesionales de la psicología, encontramos en la práctica otra serie de cualidades y circunstancias que tuercen esta concepción. En palabras breves y honestas, la prepotencia “defensiva” que es frecuente en sendos ámbitos dañan las bases de la participación y la confianza que es requisito indispensable para cualquier trabajo colaborativo. Añadamosle a ésto la pereza que parece consustancial a nuestra sociedad y que en términos humorísticos los ciudadanos de a pie han sabido resumir bastante bien; “Vamos a jugar a los funcionarios, el primero que se mueva pierde”. La acomodación y el clientelismo son también una base para propiciar una rica cantera de pseudoprofesionales desinteresados por sus tareas, que careciendo de toda vocación solo buscan un lugar tranquilo donde aposentarse y levantar su feudo. Los factores citados son los que juegan y ganan la partida. Profesores bien intencionados que no saben como impartir sus clases y que se encuentran con el inmovilismo del resto de compañeros, psicólogos formados en concepciones reduccionistas, la falta de preparación o el miedo al intrusismo son algunas de las tónicas del sistema escolar. En este ambiente de apatía general y conservadurismo recalcitrante se educa al alumnado.

Las que podría considerarse las últimas de las bases para el mal funcionamiento son el sentido de clan y la adquisición parcial del sentido de la democracia. Estas problemáticas guardan más relación con los valores mantenidos por la familia. La democracia viene siendo últimamente entendida como una carta blanca para que cualquiera pueda hacer lo que quiera cuando le apetezca, guardando todos los derechos pero ignorando las obligaciones que son parte de la misma, denunciar el robo pero practicarlo, criticar la intolerancia pero llevarla a cabo, reclamar el derecho a ser protegidos pero desproteger al resto. Esto mismo está en relación con lo que se podría denominar “sentido de clan”(una forma de lo que se llamaría técnicamente endogrupo-exogrupo). Se fomenta en nuestras familias un ambiente de doble moral, que propugna el bienestar de todos, pero que a efectos prácticos reclama para si todo cuanto tiene delante y no deja nada para aquellos que están fuera del circulo familiar y de amigos. Es más, cualquier gesto dirigido a favorecer a alguien ajeno a este grupo en lugar de a uno de sus integrantes se encuentra mal visto y es censurado duramente. Este es el discurso del pisar para no ser pisados, en el que la familia tiene una suerte de caridad para con los otros pero que no tiene problema ninguno en maltratar lo que es ajeno a si mismo si resulta conveniente. Esta forma de vivir la vida resulta extremadamente difícil de mantener, ya que entre esta visión y el egoísmo absoluto hay solo un paso. Cuando el niño contempla que cualquier cosa vale, que cualquier contradicción puede ser mantenida si con ello uno se beneficia, esto se vuelve contra la propia familia. Si combinamos esto con cuestiones como el total desconocimiento que manifiestan una gran número de padres acerca de como educar a su hijo (en el sentido más simple de reforzamiento-castigo, fomento de la autoestima o transmisión de afecto) obtenemos a un sujeto desmotivado, agresivo y egoísta.

Las vertientes explicadas desembocan en instituciones educativas en las que los profesores se habitúan a ignorar los conflictos para no ser parte perjudicada al enfrentarse a los niño, o incluso a los padres. Estas conductas son en sí reforzantes para los niños agresivos, que logran sus metas obteniendo el respeto y atención deseado. Sin necesidad de llegara estas cotas de violencia, en otros ambientes más favorecidos encontramos que es el profesorado quien sigue unos modelos coercitivos en su enseñaza diaria, tales como la desaprobación pública y en algunos caos la burla.

Por todo esto resulta fundamental que profesionales de la psicología bien formados en los ámbitos de la educación y la mediación participen en los conflictos y ayuden tanto al profesorado como al alumnado como al AMPA a elaborar una nueva perspectiva frente a los desencuentros, evitando que el conflicto llegue a mayores e incluso aporte en positivo al autoconocimiento y la convivencia. En última instancia, esta es una tarea a nivel microsistemico más fácil de solventar que esperar a que los partidos políticos decidan dejar de jugar al ajedrez con las vidas y consciencias de los ciudadanos y lleven a término leyes y reformas eficaces para hacer de nuestros ciudadanos sujetos íntegros y autónomos.