martes, 24 de enero de 2012

Yo también lo lamento, pero así, no. (Práctica de mi derecho a la opinión y a la rabia.)

Movilización masiva por que un adolescente con mala vida mató a una adolescente típica y después, por miedo a las represalias, intentó ocultarlo todo. La supuesta justicia que se pide importa mucho, lo suficiente como para movilizar a 25.000 personas en Sevilla. Todas las demás mujeres que se han visto abocadas a situación de maltrato y que han sufrido daños no se merecen la misma atención y respaldo. Las mujeres a las que se le mutila el clítoris tampoco. Todas las jóvenes que padecen trastornos por la opresión de modelos físicos lejos de la normalidad mucho menos. Aquellas que tiene que vivir amargadas en puestos de secretaria porque no se les permite ocupar otro puesto, ni si quiera considerarlo ¿Y del resto de personas que sufren? Miles que mueren de hambre porque nos apropiamos de sus tierras y exportamos sus productos. Niñ@s que son obligados a entrar guerrillas y a los que se les obliga a matar a sus familiares a través de la venta de armas de nuestros estados, para que las empresas tengan coltan barato. Madres africanas a las que nestle vuelve dependientes de su leche para que sus hij@s dependan de sus productos . Nativos americanos a los que se les desecan sus territorios para que coca-cola llene sus latas. Menores de edad hacinados cosiendo para que nikke y adidas tengan grandes margenes de beneficios. Niñ@s con los que Bayer experimenta para que su productos sean mejores y nuestras píldoras sean perfectas.


Os importa mucho que se tenga venganza, que la cabeza de un puñado de personas que ni lejos son las que más daño nos hacen estén en la pica. Adelante, hablad de familia, amor y tolerancia. Hablad de dignidad y principios. Hablad de justicia. Hablad y hablad, pero no os detengáis ni un momento para daros cuenta de que estáis arremetiendo contra personas, exactamente iguales que la asesinada y que vosotros. Personas que no han tenido una vida maravillosa y llenas de lujos, que por lo que se ha visto, han aprendido poco y mal. Crucificadlos para poder creer que si mueren el mundo será un lugar mejor, para que durmáis con la tranquilidad de creer que podéis arreglar los verdaderos problemas del mundo con medidas tan sencillas y directas. Para creeros que vuestra rabia y deseo de dañar es distinto al que el tenía cuando levantó el cenicero ¿Que distingue a un asesino de otro asesino? ¿Que distingue a una persona que desea la muerte de otra que hace lo mismo?


Publicáis estados y fotos con mensajes virales y violentos, defendiendo cosas que no sabéis si son o no así. Os basta la palabra de la televisión, la del sagrado ídolo, para que lo creáis. La misma que os engatusa todos los días, la misma que os esclaviza a valores alienigenas. La misma que te pondría contra la espada y la pared si con eso lograse algún beneficio. Sin saber lo que ha ocurrido, sin conocimiento absolutamente de nada, os ponéis por encima de cualquiera que contradiga vuestra visión sin base. No importa lo que haya hecho la policía ni el trabajo de los jueces. Solo importa lo que vuestro odio dicte. Ese odio que la televisión os ha dicho que debéis tener para ser personas buenas y dignas. Para que demostréis vuestra humanidad y capacidad empática con la familia de la asesinada. Y por supuesto, quien no lo comparte es otro monstruo, como yo, al que debería de ocurrirle una tragedia similar para que comprendiese tan gran sufrimiento. También a la hoguera.


Que no pare la fiesta, que quienes que no odian por los dictados de unos medios de comunicación perminiciosos y los desvaríos de una familia hundida por el dolor sean asediados. Que todo el mundo opine lo mismo, que las herramientas del poder digan que debemos sentir, que se nos divida en buenos y malos. Entretenéos con una desgracia puntual, pero no miréis lo podrida que está toda la manzana. Pasead por las calles para desear daño y sufrimiento, para que con el fuego fanático os sintáis llenos de poder y de capacidad para ser personas que defienden la verdadera justicia. Yo me río, me río de eso a lo que llamáis justicia, aunque comparta vuestra desazón por la muerte de ella y el dolor de la familia. Vivimos en una sociedad en la que la gente evade sus impuestos, vive cómodamente porque otras personas sangran y mueren para proveernos de nuestros caprichos, en la que se mangonea a las personas para que las élites manden sobre el resto. Una sociedad en la que no se pueden alzar voces divergentes, en la que las opiniones no se secundan con argumentos, sino por masa de apoyos, autoridad y moralina. Una sociedad en la que un adolescente que ha vivido una vida de mierda comete el error más grande que puede cometer una persona y que comenten muchas más por desgracia y se convierte en el Gran Elegido.


El es el Gran Elegido, el chivo expiatorio del sacrificio. Limpiemos nuestras consciencias magnificando sus errores. Seamos benditos porque el es maldito. Esa es vuestra justicia, atacar a una consecuencia de un Estado quejumbroso, de una sociedad corrupta y desorientada. Destruir a quién también sufre en lugar de buscar que es lo que produce el sufrimiento. Vuestra justicia es calificar y etiquetar, poner toda vuestra atención aquí para olvidar los verdaderos males que nos están comiendo. Vuestra justicia no es justicia, porque es egoísta, porque solo queréis tener la satisfacción de que las cosas quedan como creéis que deben estar, no porque cada cual reciba la reparación al daño que haya recibido.


¿Sobre quién os queréis poner? Miles de personas trabajan todo el año para dar lo mejor de si, para conocer, para aprender. Personas que arriesgan su vida por la dignidad y los derechos ajenos. Personas que dedican su vida a servirse y a servir a los demás, para erradicar la fuente de nuestros males ¿Y que es lo que hacéis vosotros, que aclamáis justicia? Lleváis a cabo vuestras vidas dentro de los parámetros que se os han inculcado como correctos, cerráis vuestros ojos a las grandes injusticias y os volcáis en esta triste tragedia. No hacéis justicia, lucháis por arrebatarle la dignidad que le queda a otras personas. Eso nunca puede ser justicia.


Ojalá, Marta no hubiese sufrido esa suerte, ojalá su familia no se encontrara dolorida por la pérdida, ojalá los implicados no hubiesen ocultado lo que se debería saber, ojalá Miguel hubiese tirado el cenicero contra la pared. Pero ojalá también, esas 25.000 personas salieran todos los días a la calle para luchar por lo que día a día le están arrebatando. Por la liberación de esas personas que son esclavas para que nosotros tengamos nuestra comodidad. Ojalá 25.000 personas se encontraran para debatir sobre lo que están necesitando en sus vidas. Ojalá 25.000 personas estuviesen dispuestas a sacrificar su tiempo para dar verdadera ayuda al resto. Ojalá 25.000 personas se manifestaran por el bien de la humanidad y no por el mal de cinco.

sábado, 21 de enero de 2012

Milagros y la desacralización del mundo.

http://www.youtube.com/watch?v=xAyyQc3Vv_A


La perspectiva del mundo ha cambiado a lo largo del "desarrollo" de la humanidad. Durante miles de años, las creencias de nuestra especie se asentaron en el animismo. En consecuencia, la naturaleza era respetada, honrada y servida. Todo estaba cargado de significado y poder. La transformación de esta perspectiva al politeísmo, solo concretó las funciones de ciertos grandes poderes dentro de ese rico Cosmos. En gran medida, esto deriva de la personificación de apartados de elementos naturales, lo cual lleva a crear panteones extraordinariamente amplios y ricos, como es caso del egipcio. Al contrario de lo que solemos entender, debido a que mayoritariamente suponemos que los códigos de creencias de otras culturas son malas aproximaciones a la bondad de la nuestra, ese panteísmo no era una construcción caprichosa. Los relatos de deidades, espíritus y dioses pretenden dar una explicación sobre el funcionamiento del universo. En la mayoría de casos, suponía también un ejemplo de ética en los conflictos y una advertencia ante los peligros. Estos no surgían de la nada, si no de la interpretación surgida en la interacción del ser humano con su entorno. Por supuesto, desde época muy tempranas el componente religioso ya se implicaba en la explicación de las división en castas o en la explicación del poder. Este es el caso, por ejemplo, del hinduismo.


Aunque la opresión es una clave reiterativa en la historia y pocas creencias se libran de esta mácula, la aparición de los monoteísmos se llevan la palma. No solo en el sometimiento y jerarquización de los colectivos, si no en la desertización del plano espiritual y creativo. Frecuentemente lo que impulsa la aparición o el desarrollo de este tipo de creencias excluyentes es la adquisición de poder. La reforma religiosa de Akenatón, la consolidación del judaico para unificar Judá e Israel, el control del Norte de África en el Islam o la conversión del cristianismo doctrina oficial en Roma para mantener vivo al Imperio. Este tipo de creencias, que por estar aliadas con el poder político y militar ha triunfado en buena parte del mundo, marcan un punto de inflexión radical respecto a la perspectiva anterior de la realidad. Este no es otro que la escisión de la realidad en dos planos, espiritual y material, contrapuestos. Mientras que las vertientes explicativas dualistas tradicionales los solían tratar como integrados y codependientes, los monoteiímos los convierten en adversarios. Esto no significa que todas las perspectivas asumieran esta diferencia entre sustancia corporal y espiritual, como se puede atisbar en los orígenes de la religión egipcia, japonesa o incluso en el taoísmo.


La configuración antagónica de cuerpo y alma, la asimilación de lo primero con el mal y lo inútil y los segundo con lo bueno y lo útil, es la base de la desacralización de la realidad y la necesidad de los milagros. Por su puesto, esto implica obligatoriamente un antropocentrismo exagerado, ya que el ser humano es el único dotado de alma, que es lo trascendente y puro. La visión que imponen los monoteísmos crean un infierno terrenal, en el que todo goce o libre acción es pecado. La renuncia a este plano de existencia es la clave para alcanzar tras la muerte la felicidad perpetua en el mundo esencial de Dios. Así, son la obediencia, el sacrificio y la muerte los tres factores indispensables para alcanzar la felicidad en la otra vida. Ese Más Allá ha de garantizar la explicación de la estancia en este mundo, que se considera penosa, terrible y dolorosa. Quedando del todo clara la frontera radical entre un mundo y otro, el único bálsamo para este sufrimiento es que lo sublime, lo trascendente, se manifieste. Esto es el milagro, la esperanza de una señal del Paraíso, la chispa de lo sagrado en un mundo profano.


En esta visión dicotómica surgen las grandes filosofías y ciencias de occidente. Partiendo de la perspectiva de un mundo yermo, sus investigaciones solo pueden explicar los mecanismos que la rigen. Las riendas de los poderes de las jerarquías monoteistas intentan controlar este caballo que finalmente se les desboca. La propia Iglesia es la que cavó su propia tumba, pues si a los humanos vulgares solo les queda la experiencia del aquí y la del allá solo los sacerdotes la controlaban ¿porque iban a creer en ello? La ciencia desde esta perspectiva prospera notablemente, ya que pueden contrastar sus hipótesis con la experiencia directa. La espiritual no, ya que los medios y el control de la Iglesia limita lo divino a sus pautas. Aquellas creencias alternativas que sobrevivieran del pasado o que surgieran son consideradas blasfemias y herejías por su parte y como superstición por la ciencia. En ese momento toda explicación holística de la realidad y dotada de significado para las personas solo tenía la opción de quedar en manos del catolicismo, pues la ciencia se dotó a si misma de la capacidad de dar explicación a los fenómenos concretos, pero no a la existencia en si.


En este punto, surge el cientificismo, la nueva religión que se reza en los laboratorios y que quiere lograr el monopolio explicativo sobre el mundo. Lo material no es solo material, con todos los atributos otorgados por la ideología heredada (la inteligencia por encima de la emoción, el estudio por encima de la labor manual, el experto por encima del aprendiz y la mujer sigue siendo algo inferior, como añgunos científicos en ciertos momentos quiso demostrar), sino que pasa a ser mecánico, prediseñado y preprogramado. Empleando la autoridad de una versión falseada y fanática de la ciencia, despoja de profundidad y sentido a la realidad, dicta sus estudios como palabra de verdad y en ella no cabe ese plano espiritual ajeno a lo palpable. Es curioso que aunque en esta lógica no cabe sentimiento de superioridad alguno para el antropocentrismo, el cientificismo lo asienta en la base de sus creencias, tomando al humano como máximo escalafón de la escala naturae y creyendo que su mente es capaz de alcanzar la Verdad en la realidad. Sin remedio ni esperanza, la realidad se convierte oficialmente en un yermo. A diferencia de lo que ocurría en tiempos en las epopeyas griegas, nórdicas, celtas, mayas o hindues, donde no era necesaria, siendo la pauta habitual lo maravilloso y sagrado, la palabra "milagro" acabará de consolidarse de forma definitiva, siendo además la Iglesia quien debe validar su realidad y pertinencia. El motivo es bien sencillo: siendo el mundo un lugar despojado del espíritu, aquellos que conocen ese plano son quienes deben gestionarlo, para así no perder su poder sobre la explicación profunda de la realidad. Por su puesto, el cientificismo corre a desmantelarlos para garantizar y demostrar que nada se escapa a su concepción materialista, que paradójicamente necesita del concepto de lo espiritual para poder definirse así.


Despojada de la posibilidad de una explicación propia y autogestionada, la humanidad vaga perdida en si misma. Su vacío es llenado por supuestos placeres y necesidades sin fundamento, cuya base realmente está en la ideología opresora y desnaturalizadora de los monoteísmos. Quienes están tras las grandes corporaciones y políticas aprovechan este desconcierto para hacer suyo el mundo, el cual pueden saquear ya que al no haber un sentido ético, todo es válido. Actualmente, multitud de movimientos que se amparan en concepciones éticas y filosóficas intentan romper con esta visión mecánica y descafeinada del mundo, pretendiendo además no seguir la pauta de los monoteísmos al crear sus alternativas. Un ejemplo de ello se encuentra en los movimientos vegetarianos y en defensa de los animales. En esta iniciativa social se asienta una enorme paradoja, pues pretende explicarse constantemente a través de los argumentos de autoridad de la ciencia, cuando la motivación de fondo suele ser un sentido de hermanación y similitud con el resto de animales o la correspondencia casi chamánica de la asunción de que comer muerte genera muerte. La ciencia, curiosamente no escatima en el uso de animales no humanos para sus experimentos, aunque cierto es que estrictas regulaciones pretenden garantizarles cierta dignidad. Este vacío es el mismo que perpetúa tradiciones que la gente sigue ciegamente pero que ni comprende ni tiene interés de hacerlo. Un clavo ardiendo es mejor que caer al vacío de la incertidumbre, pues como bien dicta uno de los preceptos de esta cultura, la incertidumbre es una demostración de debilidad y de poco criterio, por lo tanto quien tiene incertidumbre es poco estable y confiable.


Mientras que nos mantengamos dentro de estos desvaríos, bien defendidos y respaldados, nuestras vidas seguirán siendo presas de la esclavitud, el malestar y la violencia. Solo cuando descubramos que la única verdad se encuentra en nuestra experiencia y que en si misma la existencia es una maravilla indescifrable, podremos prescindir de las tiranías y los milagros.

viernes, 13 de enero de 2012

El gran logro del catolicismo

El catolicismo es ese inseparable ángel y demonio que nos acompaña día y noche y nos da su moralina. A tod@s y cada un@ de nosotr@s, su mensaje nos ha calado. Por libre pensantes que nos sintamos y nos guste felicitarnos por ello, la mácula de este dogmatismo pesa sobre nuestras conciencias y actos. Es frecuente que quienes practican el ateísmo moralizante y recalcitrante no quieran percatarse de la influencia de hasta que punto están hablando por boca de la santa misa. Tampoco es desdeñable el condecorable esfuerzo que la Iglesia, desde sus inicios, realizó para monopolizar la visión del mundo de toda la humanidad.


Podríamos empezar por una simple pregunta ¿ porque le llaman religión cuando quieren decir catolicismo? Los criterios que son básicos para el mantenimiento y la predicación del catolicismo solo encuentras hermanación con las distintas versiones de los monoteismos, es decir, el judaismo y el islamismo. El resto de las religiones, que son muchas y variadas, no tienen nada que ver con el mensaje que el catolicismo difunde. Lo único que suelen tener en común es la creencia en una fuerzas solo tratables mediante procedimientos místicos y espirituales. Incluso esta idea puede ser engañosa, ya que los preceptos de algunas religiones promulgan la necesidad de un comportamiento digno en lo mundano, sin componente más allá que el de la necesidad de una ética consustancial a nuestra naturaleza humana y al respeto a los derechos ajenos.

Un gran número de estas otras religiones, las alejadas de un Cosmos regido por un Dios que maneja en su mano la vara del castigo, no contemplan la "salvación". Es frecuente que se tome la religión como una válvula de escape y consuelo ante el miedo a la muerte. Pero cuando no se cree en la conciencia ¿que consuelo puede haber? Esto ocurre por ejemplo en la reencarnación de hinduismo y budismo, en las que los occidentales, por obra y gracia del catolicismo hemos mal interpretado su significado. La reencarnación tiene que ver con la entrada en el cuerpo de la "mente" o la "conciencia" en otro cuerpo tras morir. La idea se aproxima más a que lo que pasa de un cuerpo a otro es la forma de actuar. Muchas de las religiones neopaganas defienden que unas vez que morimos nos fusionamos con la Naturaleza, en el sentido más literal del término. Es decir, que nos descomponemos y con eso formamos parte del ciclo natural.

La visión de la religión como algo ascético, alejado de lo mundano y lo empírico es otro error de concepto. Como ya se ha dicho, muchas religiones contemplan el contacto con lo mundano desde los propios factores de lo mundano como su base. Esta es la base del karma, que no es otra cosa que la de vigilar tus actos para evitar daños, cuyas repercusiones, de una forma u otra, volverán a ti. También es la base del taoísmo, en la que lo fundamental es la naturalidad,la sencillez y la adaptación al entorno, sin más adornos ni plegarias. El budismo puede ser un notable ejemplo que contradice esta visión, aunque parezca justamente lo contrario. El ascetismo de gran parte de las ramas de esta religión no pretende otra cosa que lo mismo que quiere el científico al aislarse en un laboratorio. La investigación budista pretende el conocimiento de la mente y su perfección, no en balde, se han adelantado con sus hipótesis a las conclusiones de la neurociencia y la psicología 2000 años. El compromiso de cierta rama del budismo con la investigación se manifiesta de una forma contundente en la estrecha colaboración que Daniel Goleman y el actual Dalai Lama han mantenido para investigar el cerebro humano y su funcionamiento. La afirmación de este último acerca de la necesidad de modificar las forma de conocer el mundo ofrecida los textos sagrados en base a la mejor explicación que pudiese dar la ciencia destierra el gran mito de la confrontación entre ciencia y religión. No olvidemos que al fin y al cabo, la posición de líder en este tipo de religión se consigue mediante la adquisición del grado de experto en su forma de empirismo, cosa no muy distinta a la que pasa (o debería pasar) en la jefatura de un laboratorio.

Se suele considerar también que la religión es cosa de personas estúpidas, ingenuas e ignorantes, ovejas que obedecen ciegamente los mandatos de un superior o de un libro. Toda noción de persona que se considere a si misma religiosa es la de un paleto inconsciente. Dar un paseo por la historia contradice esto de forma contundente. Averroes, Maimonides, Abenezrá, Siddharta Gautama, Newton, Einstein, Ghandi... no son personajes históricos a los que fácilmente se les pueda tildar de continuistas o de ineptos. En todos los casos aportaron inventos, descubrimientos o revoluciones sociales que hasta al día de hoy nos han sido útiles o nos han inspirado para crear un mundo mejor.

Otro tópico es que la religión es una cosa de tiempos antiguos, algo extraño que ayudaba al ser humano a explicar la realidad mediante elementos sobrenaturales. El ateísmo nacido del catolicismo dirá que gracias a la ciencia (excluyendo a las perspectivas nihilistas) podremos conocer el mundo con precisión y sin defectos. Paradojicamente, lo que investiga la ciencia hoy en día (después de que cierta rama de ésta se hubiese enfrentado a las creencias religiosas para refutarlas y adquirir la potestad de decidir que era la verdad, aunque fuese temporalmente) termina por coincidir con teorías que las viejas religiones ya postulan, aunque con sus propios términos. Por ejemplo, el budismo con la cuestión de la conciencia, el taoísmo con la física cuántica o las teorías del éter con el boson de higgs. La gran broma en esto, es que la ciencia en si misma logra explicar pero sin demostrar nada, ya que son las aplicaciones de algunas de las teorías que van apareciendo y cayendo en el desuso las que llevadas a la práctica desarrollan la tecnología. Las religiones no necesitan explicar el comportamiento de los neutrinos, ya que su objetivo es esencial e imperecedero, la búsqueda del porque y para que de la existencia del ser humano y el mundo. La variedad de respuestas son abrumadoras y la variedad de sus contenidos, aún más.


Creo que queda claramente evidenciado que religión no es sinónimo de catolicismo ¿Pero a que se debe esta identificación? Desde que una versión muy distinta del cristianismo original se convirtiera en la religión oficial de Roma occidente empezaría a vivir una era oscura en cuanto a lo que a variedad de creencias se refiere. La Iglesia, aliada de las fuerzas militares y las autoridades civiles difunde su mensaje. Para ello levanta imágenes y edificios como símbolos del poder de su Dios, del mismo modo que el Imperio llenaba de estatuas de sus emperadores divinizados las ciudades y caminos. Tradicionalmente, las culturas tomaban a las deidades de las demás civilizaciones de una forma armoniosa. Con el monoteísmo esto cambia. No hay lugar para otra fe y otro dogma que el que traían en sus manos. Poco a poco intentan destruir todo lo referente a las religiones ajenas que encontraban, distintas a las que se profesaban en la capital. Por algo, el término pagano proviene de "pagu" o "pagui, aldea y aldeano respectivamente. Las tradiciones milenarias son eliminadas, no solo la deidad en cuestión, y con ello, los conocimientos acumulados.

El otro camino era el de la distorsión de las historias autóctonas, frecuentemente mediante la acción de los monjes copistas que cristianizaban los relatos orales que encontraban. Llegados a este punto, la quema de brujas fue el paso final para erradicar cualquier conocimiento o espiritualidad que no proviniese de su autorización. Una enorme cantidad de pensador@s e investigador@s a lo largo de la historia de la Iglesia se han encontrado con su vara, como es el conocido caso de Galileo.


Con este panorama, árido de variedad y solo con esquejes que partían del dogma católico, el poder se garantiza por la concesión de Dios. La verdad, la ética, el conocimiento, todo queda en manos del mismo colectivo. La religión occidental queda asumida por esta fe y por la presencia rechazada del islamismo y el judaísmo. Se entiende pues que lo que es religión está en la esfera de las doctrinas del catolicismo y lo que está fuera de está es obra del Diablo y la superstición. Cuando otras formas de pensar irrumpen en esta situación, por la nula posibilidad de tomar una base distinta, aunque se opone a esta hegemonía eclesiástica, parte de la misma base y mantiene el mismo fundamento profundo; el control de la ética, el comportamiento y las normas. En lo demás, se convierte en un enfrentamiento en el que la negación de las tradicionales visiones "religiosas" se consideran un triunfo para la evolución de la humanidad. El término superstición es arrebatado al catolicismo y se convierte en un arma contra si mismo, pero a la misma vez le sigue beneficiando. Al asumir que cualquier perspectiva religiosa se asemeja al proceder católico, quienes pretenden la liberación del ser humano de los criterios que éste impone, lucha contra todo lo que no parte de su propia perspectiva, llamando a quien no es sumiso a sus dictados supersticios@ e ignorante.


De este modo, dos creencias que pretenden ser hegemónicas y absolutas se enfrentan, confundiendo a las masas e impidiendo el desarrollo de la humanidad. Un occidente cientificista con su ideología llena de trazas católicas y sacerdotes católicos que usan la ciencia para respaldar la existencia de sus pecados. Las religiones atacadas por la obra de una de tantas que nada tiene que ver con ellas. Las posturas que hablan de libertad negando y ridiculizando creencias fundamentales ajenas que nada tienen que ver con lo que critican. Mientras tanto, y siguiendo en la hegemonía por la confusión creada, l@s autentic@s enemig@s de la libertad, la prosperidad y el desarrollo humano siguen retozando gracias a nuestros estúpidos y vacíos enfrentamientos.

miércoles, 11 de enero de 2012

47, Responsabilidad

Confío en el interés de sanar del médico,
pero no obedezco a la medicina.
Me interesa el conocimiento del investigador,
pero no abdico en la ciencia.
Me apoyo en el consejo del psicólogo,
pero no le entrego mi vida a la psicología.
Me inspira la espiritualidad del monje,
pero no me humillo ante sus textos sacros.
Me conmueve la sensibilidad del poeta,
pero no le entrego mi percepción.
Participo de lo místico y lo esotérico,
pero no abandono la acción mundana.
Estudio a quienes vivieron antes que yo,
pero no me abandono al tradicionalismo.
Confío en la palabra amistosa,
pero no abandono el sentido crítico.
Lucho por lo aquello en lo creo,
pero lo que creo no es inamovible.

Porque la responsabilidad de mi vida y actos
es exclusivamente mía
y a nadie o nada puedo culpar
de mis errores y mis aciertos,
en ocasiones, ni si quiera a mi mismo.

jueves, 5 de enero de 2012

Todo empieza por nosotr@s mism@s

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=hYR11V-qcHQ

Llega un momento en la vida en el que no se pueden echar más balones fuera. Somos l@s autor@s de nuestra propia vida. Es cierto que hay muchos agentes externos que nos condicionan, que interfieren en lo que queremos hacer, pero siempre hay un camino. La situación que nos atrapa no es inmutable ni estática y si queremos salir de ella tenemos que usar nuestra fuerza de voluntad, buenas compañías y consejos inspiradores y prácticos a nuestra medida. Si cronificamos nuestra infelicidad es porque la forma de recorrer el camino es errónea. Tenemos que mirar nuestras cartas y ante todo contar con las personas que nos rodean. Un mal hábito, una mala relación, una adicción, una situación económica precaria, una mala vida... todo eso puede ser transformado si realmente queremos y usamos las herramientas adecuadas y, sobre todo, si nos apoyamos en l@s demás.

Es cierto que hay problemas contra los que nuestra voluntad poco puede hacer. Una muerte, el desempleo forzoso o una enfermedad incurable son cosas contra las que solo se puede capotear e intentar una forma distinta de abordarlas. Pero lo más frecuente es que nada de esto sea lo que nos esté envolviendo. Seguramente nos veamos atrapad@s en el autodesprecio, el hastío, el miedo o la soledad y que lo que hacemos sea solo una forma de dejar escapar el malestar que nos produce. No hay nada de extraño en sentirse así. Frecuentemente creemos que el problema que tenemos o como nos sentimos es algo único y vergonzoso. Es normal que creamos eso, ya que cada vez más nos vemos empujados a formas de vida que nos separa del resto. Nos hemos vuelto finalistas, es decir, todo es por y para algo y eso incluyen las relaciones personales. Cuando quedamos es para ver una película, jugar algo, entrenar, comprar o cenar. El único fin que se nos ha olvidado es la realización personal, el hacer y estar por el mismo gusto de llevarlo a cabo, sin lograr nada más. Es frecuente que esto se consiga junto a los demás, a través de una intimidad tranquila y natural en la que nos abrimos a quien tenemos delante, queriendo lo mejor para la persona con la que tratamos.

Nos hemos distraído de la vida y el tiempo que tenemos los gastamos en "hacer". Siempre para obtener algún tipo de seguridad, reconocimiento, conocimiento o autoridad. Y así vamos gastando nuestros días y cuando termina hemos sido engranajes de una gran maquina, sin haber disfrutado, sin ser lo que somos realmente, siempre retozando en la deuda de garantizar el mañana olvidando el presente. Lo peor de esto, es que se convierte en un ciclo, en el que el no ser y estar como deberíamos crea en nosotr@s un malestar que intentamos aplacar mediante la receta "hacer, hacer, hacer" y así convencernos de que somos personas valiosas, eficaces e independientes. Con los ojos en la finalidad marcamos una ruta que aumenta nuestra artificialidad y nos aleja más de la felicidad.

A pesar de lo que se suele decir, para mi la felicidad no es un estado. El placer, momentáneo, y el bienestar, más contextual y estable, si lo son. La felicidad es un actitud en la que lo que impera es el optimismo, la mejora de las soluciones ante los problemas, la aceptación de las desgracias y la permanente búsqueda de la naturalidad. Es una forma de confrontar el mundo, un modo de hacer en el que el resto de las personas forman un papel fundamental. No hay naturalidad y desarrollo personal si no es con y a través de l@s otr@s. La propia raíz del ser humano es ser social. Su propia constitución lo hace dependiente del resto de su especie a todos los niveles. Ya sea para producir los recursos esenciales, comprender el mundo, suavizar sus malestares internos o llenar su tiempo de juego.

Pero nuestra Humanidad pretende ser sustituida por la mecánica del finalismo y la producción desmesurada. Quizás porque las cosas han sido demasiado difíciles y no quedó más remedio, porque tomamos una idea errónea que desembocó en esto o porque alguien no supo escucharse. La opresión y el abuso está en todos los sitios, ya sea en el funcionamiento del Estado, el colegio, las formas de ocio y nuestro propio hogar. Pero solo hay una cosa estable, y es la mutabilidad del mundo. Todo cambia y el ser humano ha demostrado tener la capacidad para intervenir en las transformaciones.

El estado de desgracia que sufre el mundo y nosotr@s mism@s, puede mitigarse hasta desaparecer. Es difícil, porque la estructura de nuestra sociedad se ha construido con cimientos en parte ajenos a nuestra Humanidad y parte de ese sistema está en nosotr@s. Tomar conciencia de las formas que nos alejan de la naturalidad nos permite romper con todo eso. Pero no podemos esperar a que ocurra por si mismo, las cosas grandes se empiezan por sus partes más pequeñas. Debemos romper esas barreras, que se asientan ante todo en el miedo y la desconfianza.

Cambiar el mundo social empieza por la amabilidad y la honestidad para con nosotr@s mism@s y el resto de las personas que nos rodean. Querer a l@s demás es el gran misterio que hay que comprender para llegar a la felicidad personal y convertir el mundo en un lugar más habitable. Cuando queremos y nos quieren, nuestros problemas tienen solución, se comparte lo que se tiene, se acepta lo que se es y son el resto y podemos vivir en armonía y naturalidad con el resto de la Madre Tierra. Lo se porque lo creo y lo experimentado, porque sin mi familia, que trasciende las lineas de sangre, pasando por mis amig@s y se convierte en el mundo en si, yo habría sido incapaz de escribir estas lineas.